Este lunes pasado celebramos el 59 aniversario de la firma de la Declaración de los DDHH por la Asamblea de la ONU. Dentro de las actividades del taller que llevo a cabo para la asociación Tremn, el Taller de Arte y Pensamiento, estuve en uno de los 8 institutos de secundaria (y colegios de primaria) a los que acudo mensualmente, todos en la provincia de Badajoz, todos menos uno, en el ámbito rural.
Tenía ese día dos grupos, uno de 4º y otro de 2º de la ESO. Con ellos además, centro mi trabajo en el tema de los conflictos y la paz, por lo que ese día tomaba un cariz muy significativo. Pero mi entusiasmo inicial se transformó primero en desilusión, y luego en amarga desesperanza. ¿Qué estamos haciendo con nuestras chicas y chicos, que sitúan sus expectativas de una manera tan materialista y cercana? ¿Cómo hemos conseguido borrar la utopía y el deseo de cambio, hasta unos límites tales?
Primero me enfrenté al desconocimiento absoluto sobre la fecha. Cuando descubrieron qué día era, y les pregunté por lo que sucedía en España en el momento de la firma, el desconocimiento más absoluto. Sólo uno supo decir que vivíamos la posguerra y la dictadura de Franco; “Ahh, sí, lo de Cuéntame”, respondieron dos chicas a mi izquierda. Lo que sucedía en Europa… el mismo chico contestó que había finalizado recientemente la II Guerra Mundial; el resto nada. “A mí me preocupa aprobar el examen que tengo después, qué pasaba entonces me importa poco, no me afecta nada, así que…”, me espetó otra muchacha. ¿Qué relación había entre la celebración de hacía a penas 4 días (el día de la Constitución), con este de hoy? Ninguna. “Si Franco consiguió morirse en el poder, hoy hubiera podido perpetuarse después de muerto”, pensé en aquel momento.
Pero lo peor estaba por venir; de esos vientos,… Con el grupo de 2º intenté afrontar el tema de las discriminaciones como fuente de conflictos, y lo que obtuve fue: “Fulanita (omito su nombre por razones obvias) es una guarra, como no va a serlo si ya lo ha hecho (en referencia a que ya había tenido relaciones sexuales con 15 años); “Los rumanos, son todos unos ladrones, borrachos y asesinos. Todos los asesinatos en Madrid, los hacen ellos”. Chicos (de las tres chicas, dos callaban, y la tercera era literalmente despreciada; ella mantenía el tipo admirablemente) de 14 y 15 años que tienen esa visión del mundo y de sus semejantes son nuestro futuro.
Pero al salir del centro, descorazonado, he recordado a un grupo de 6º de primaria que tengo en otro pueblo, y que puedo decir que normalmente me “salva”. Y no hay mucha diferencia entre ellos; pueblos pequeños, poco conocimiento del mundo en el que viven,… pero tienen una visión de cómo debería ser este mundo, que creen debería ser mejor. Me hablan de compartir, veo la incomprensión en sus ojos cuando hablamos del hambre, de lo que tienen y otros ni sueñan… Y me salvan. Soy una circunstancia de su acontecer, y salvándome están haciéndose conscientes de su realidad; están vislumbrando que otro mundo es posible.