Recuerdo que el mismo año leí cuatro libros fundamentales; 1984 de Orwell, 2001 de Clarke, Cien años de soledad de García Marquez y Cinco lecciones de metafísica de Zubiri. Tenía 15 años, y estaba convencido que quería ser astrofísico. Buscaba comprender el mundo, lo que había más allá, lo incomprensible, lo fantástico; aquel año diseñé una nave estelar, imaginé como sería su tecnología, y como sería su orden social. La magia de lo fantástico, compaginada con la realidad soñadora de la tecnología y la ciencia, la búsqueda de Dios y la comprensión de la realidad, todo ello para un cambio a mejor de la sociedad que me rodeaba…
Ese optimismo se respiraba en las páginas de Clarke. Yo no era consciente entonces, pero me ayudaron a lanzar mi mente más allá. Cuando escucho el pesimismo es mi hijo mayor, me duele, porque creo que es una edad, la adolescente, que precisa de un motor potente que te lance hacia delante. Yo lo encontré en sus cuentos y novelas, en parte, y por esa parte mi agradecimiento póstumo.
