Apostasía y fe sin iglesia

Leo con sorpresa y preocupación el bautismo de un apóstata musulmán, el periodista italo-egipcio Magdi Allam.
La sorpresa proviene de sus razones; como fe, dudo que el Islam sea ni mejor ni peor que el Cristianismo, y desde luego ninguna encierra toda la verdad; como opción de vida ante el dilema de la pertenencia, creo que la opción (es cierto que obligada por las circunstancias) de Péguy, de ser cristiano sin iglesia, es la más acertada.
La línea de confrontación elegida por los dirigentes de ambas religiones es notoria, y actos como este sólo conducen a un odio que no proviene de la fe, sino de las formas que elegimos para expresarlas. Mi fe en Jesús está absolutamente alejada del rechazo de otra fe, por el hecho de que su forma de expresarse más notoria sea violenta.
Si Magdi Allam lo hiciera en la intimidad, creería en sus buenas intenciones, pero cuando se convierte en imagen para exhibirse en el momento de mayor relevancia para el bautismo de un cristiano, de manos del mismísimo Papa, creo que pesan más su razones ideológicas que las de su fe. El fariseismo es algo que hemos condenado siempre.

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