Decrecimiento y austeridad en El País

Esta mañana me he desayunado con un artículo poco habitual en la prensa; se hablaba de austeridad, se abría la posibilidad a una reducción en el consumo, y aunque para criticarla, se hablaba de la teoría del decrecimiento.

Pues como no había comentarios, escribí uno. El País ha cambiado su política y ya no inserta cualquier cosa, al menos según ellos. Ahora está moderada la inserción de comentarios. Eso no evita que se escriban cosas como que acostados se consume menos, por ejemplo, pero al parecer sí impide que se puedan incluir comentarios como el mío. En él me felicitaba de que EP se dignara a hablar del tema, aunque fuera en el tono despectivo que lo hacía, pero para evitar el quedarse con una frase mal entresacada de Latouche (con el que por cierto, no estoy de acuerdo) o con comentarios aparentemente sesudos de economistas desconocidos, les incluía amablemente algunos enlaces a blogs y webs interesantes como http://www.decrecimiento.es o http://decrecimiento.blogspot.com, para ayudar a que los lectores se informaran sobre el tema.

Y probablemente el problema está ahí. Formarse una idea clara de un tema no interesa, sólo tener opinión; somos gente de opinión, de comentario cutre, personal, vacío, sin aporte de fuentes. Evidentemente no iba a facilitarles un enlace para descargarse el libro de Georgescu-Roegen (La decroissence, que si alguno lo quiere en pdf, me lo puede pedir; ya sé que está en francés, pero con suerte tendremos traducción pronto), pero indicar fuentes, dar canal para otras visiones del tema, es lo mínimo que debe hacer un medio de comunicación.

Como ya he dicho otras veces en este blog, tenemos los medios que nos merecemos. Reaccionamos espasmódicamente, nos dejamos llevar por el pánico cuando de repente vemos que nos bombardéan con noticias sobre posibles desastres aéreos, sin percatarnos de que eso sucede porque, tras la tragedia, es el momento conveniente para dejar pasar esa información que si no queda relegada. Informar de una operación supuestamente médica de la princesa Leticia, queda relegada a breves comentarios en las noticias del corazón en España, mientras que latinoamérica ocupa lugares más importantes, con foto incluida; habrá dejado de roncar, pero también ha perdido perfil, claro está que con nuestro dinero, en clínicas privadas. Pero siguiendo con los aviones… cuando trabajaba hace 20 años en Lan Chile, se cruzaba el atlántico con unos preciosos 707, idénticos al que traslada a la familia real española. Entre las anécdotas de esos 5 años, recuerdo mi viaje de novios, viendo uno de los 4 motores en el suelo del aeropuerto de Galeao, Río de Janeiro; o las innumerables veces en que estando en el finger (manga de salida y entrada del pasaje) el avión descendía 2 metros bruscamente en el morro, porque perdía de golpe todo el líquido hidráulico del tren delantero; o cuando estuve en las tripas de uno de ellos, el «Rupanco», en una de sus estadías entre vuelo y vuelo, junto al mecánico, y me indicaba qué cosas habían dejado de funcionar en los paneles… era más corto saber cuáles funcionaban. Ya no se arreglaban, porque suponía sustituir paneles enteros, mientras que el DC10 (denostado gran avión) era posible sustituirle por bloques, con un gasto de tiempo y dinero menor. Si eso pasaba hace 20 años, hoy sucederá igual o más, y por considerarlo el más seguro en vuelos trasatlánticos, lo compró el estado español para su jefe de estado.

Los accidentes son accidentes; el que la gente se muera de hambre es por negligencia, nuestra además, de los enriquecidos del mundo. Y cuando toca decrecer nos salen con que otros no querrán… pues haga cada uno lo que le corresponde hacer, seamos responsables por una vez.

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