Acritud y autoría

Si esto es un nuevo Ágora, y los bloggers, al menos algunos, intentamos dar nuestra visión del mundo, analizarla, criticarla, ofrecerla a la red, quizás es porque estamos en una fisura de este opresivo sistema en el que vivimos.

Firmamos todo lo que escribimos, nos exponemos ante el mundo desde esta plataforma, y no somos censurados, al menos de momento. Ayer pude ver como en la sección de sociedad de El País, escribían una columna sobre el Festival de Venecia. Se trataba de una crónica final sin desperdicio; un continuo desprecio, escarnio y vituperio de lo que allí al parecer se presentó, a excepción de quien recibía el León de Oro. Y no se firmaba, ni permitía comentarios. Eso, en el mundo de hoy, es un escándalo, eso sí, y no los contenidos mejores o peores de un Festival de cine. El artículo puede leerse aquí.

Hace poco leía, en ese mismo periódico un análisis de lo sucedido con el embarazo de una ministra francesa, y la supuesta paternidad de la criatura (que afortunadamente para ella, ha sido desmentida por el mentado político español). En él se criticaba la facilidad con que alguien se esconde ahora en los medios digitales, eludiendo la responsabilidad de lo que escribe, pudiendo llegar al libelo con una supuesta total impunidad. Por contra, ponía el caso de la prensa escrita, como aquella que ofrecía el sacrosanto asilo a la guarda y custodia del honor del interpelado.

Tras más de 24 horas colgado en la red, ha aparecido firmado, por Carlos Boyero, el habitual cronista de cine del diario. Continúa sin poder ser comentado, por lo que entiendo que esta columna es incuestionable, y los interpelados, probablemente ajenos al vituperio, están indefensos ante la lengua viperina del reputado columnista.

Les recomiendo que lo lean y se encuentren con la acritud del Sr. Boyero. Debe ser que él puede, y los demás no debemos.

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