Vivimos en un país de brujas y esperpentos, de blasfemias a la razón y a la fe continuadas, con una tranquilidad visceral (ya que espiritual se observa que es imposible tener), que asustaría a cualquiera,… bueno, quizás a los italianos no…
Aquellos sobre los que no cabe opinión, engendros jurídicos de La del 78, ahora ya no sólo sancionan, sino que también opinan. Y su opinión es publicada, y santificada, por la inquisición pretoriana de la prensa española (perdón, se me calleron las mayúsculas) y por la más «abierta y plural». Su opinión es valorada y tenida en cuenta, es la de una España de charango y pandereta, de humildes siervos de la gleba del futbol y toreros suicidas. Su opinión está además blindada por los nuevos poderes públicos y privados. En cambio, si opinas sobre ellos lanzan jueces y fiscales sus miradas sobre tus palabras y actos.
Pues yo ya no voy a opinar sobre los inopinables, prefiero volverlos inopinados. Opino, afirmo, que deberían irse, como ya se fueron. ¿A la IIIª irá la vencida?