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Acerca de Juan Carlos Vila

Filósofo; dianoia y dialógica van unidas a la persona. Especialista en Charles Péguy, y Personalismo Comunitario. Chileno de nacimiento, extremeño de adopción. Profesor de secundaria en el Colegio Paideuterion de Cáceres.

Joe o la mirada del otro

Uno siempre se pregunta donde está realmente el otro, ese otro que en nuestros estudios de filosofía nos dicen que nos interpela, y que para algunos es la base de la relación humana, de la persona. Yo me encontré con él, más bien con ella, el día 14 de mayo, a eso de las 9 de la mañana, en Tánger.

Aunque no eramos turistas, en ese momento actuábamos como tales. Íbamos a la Medina a comprar aceitunas, y alguna cosa más que traernos a este lado del Mediterraneo, que nos une y nos separa, a veces de manera abismal. Habíamos sacado unas fotos incluso al Café de Paris, donde se rodaron algunas de las escenas de la última película de la saga de Bourne. Justo a la vuelta de éste, y bajando hacia la Medina se encuentra uno de los hoteles de lujo de Tánger. Unos metros más abajo, estaba Joe. De pie, con el bebé amarrado a su espalda. Destacaba su negrura, por la extraña escasez de subsaharianos en el entorno, no porque resultara molesta o anormal. Marcas en los pómulos en las que no reparé hasta más tarde indicaban una procedencia bastante más al sur del Magreb.

En un primer momento pasamos de largo, pero esa inseguridad que produce no saber nunca si no dar unas monedas estará mal o bien, nos hizo finalmente retroceder y realizar ese acto siempre dificil de la limosna. Volvimos a emprender el camino. Un camino de turistas, como decía. Y entre esas banalidades estaban las aceitunas. En Marruecos existe una grna cantidad de aceitunas y de formas de prepararlas, presentadas siempre con esmero para resultar lo más apetitosas que sea posible.

De una forma silenciosa e inesperada volvió a aparecer, a nuestro lado, volvía a pedir unas monedas. Pacientemente, esperó sacando alguna aceituna de uno de los montones cada vez que el tendero apartaba la mirada. Aunque a mí no me pareció que nos reconociera de antes, siempre cabe la posibilidad de que nos hubiera seguido, pero es muy posible que pensara que podía conseguir algo más, como así sucedió, pero esta vez con algo más de comunicación.

Le pregunté qué quería, y a su espuesta de «monedas» en francés, le pregunté si necesitaba algo más. A esto me dijo que no entendía, que le hablara en inglés. Una vez cambiado el registro, me respondió que cereales para su bebé. Ya con nuestras aceitunas la seguimos hasta un puesto de abarrotes que estaba cerca del de aceitunas. Allí ella pidió una caja de cereales, y ante la desconfianza notable del tendero le indiqué que nosotros pagabamos. El marroquí no paraba de mirarnos y mirarla, a nosotros con incredulidad y a ella con desprecio. Mientras, yo traducía las preguntas que se hacía en voz alta Ipe,… ¿de donde viene? ¿a donde va?… Nigeria,… y como no, España. Esperaba a cruzar, nos dijo con cara de sorpresa,.. sí era sorpresa lo que reflejó su rostro.

En realidad la pregunta fue inicialmente sincera, y después entendí que nunca había hecho una pregunta más retórica que aquella. Mientras pagábamos ella nos dio su bendición. Nunca he sentido que esa bendición fuera más injusta que entonces. No sé si comprendió bien mis palabras, aunque al cogerle la mano creo que se profujo ese flujo de comunicación no verbal suficiente, y le dije que ella iba a necesitar más a Dios que nosotros, que esperaba estuviera con ella, y le pregunté si sabía el peligro que se le avecinaba… ella sólo sonrió y asintió.

Después de eso se fue, y nosotros también. En sentidos opuestos. Yo recuerdo que si Ipe ya había empezado a llorar mientras hablabamos, yo recorrí el camino de vuelta con una creciente congoja. La inseguridad de haber hecho lo correcto, si era insuficiente, si no deberíamos haber hecho mucho más….

Desde entonces sé que no puedo oir hablar de pateras sin ver su rostro. Cada ahogado, cada expulsado, son Joe. Tienen rostro, tienen una mano que he tocado.

Curso "Ética y Desarrollo"


El pasado viernes 16 de mayo, en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Extremadura, y dentro del programa Universidad sin Fornteras, tuve la oportunidad de coordinar el curso «Ética y Desarrollo» con dos hermanos muy queridos; Juan R. Coca y Eduardo Martinez.

El curso empezó con la intervención de Juan R. Coca sobre «Ética, tecnología y desarrollo», donde nos habló de la necesaria aplicación de criterios éticos en la aplicación tecnológica y el desarrollo. A través de unos claros ejemplos buscó mostrar que la Tecnociencia no se plasma de la misma manera dependiendo de claros intereses económicos, repartiendose desigualmente entre Norte y Sur. Además puso de relieve cómo persona y comunidad influyen en el plano científico a través de claros modelos de intencionalidad.

A continuación expuse mi ponencia «Desarrollo y decrecimiento» en dos partes. En la primera hice un repaso del transfondo teórico de la idea neoliberal de desarrollo y como afecta esto a la idea de globalización neoliberal. Al finalizar esta parte proyectamos un corto llamado «Story of Stuff» muy ilustrativo de la realidad que pretendía mostrar. Tras la comida, comenzamos con otro corto, esta vez proveniente del fondo documental del Festival CinePosible, «D’un chagrin j’ai fait un repos», con la autorización de su directora, Laetitia Carton, para ilustrar el tema que iba a exponer en esta segunda parte; las 8 «R» del Decrecimiento.

Las teorías sobre la Bioeconomía y el Decrecimiento planteadas por N. Georgescu-Roegen significan una de las críticas más devastadoras al sistema neoliberal actual, y plantean un ideario de soluciones que estaría descrito por ese grupo de 8 conceptos; Reevaluar, Reconceptualizar, Reestrucutrar, Redistribuir, Relocalizar, Reducir, Reutilizar y Reciclar.

Para terminar, Eduardo Martínez nos trajo «Hacia un êthos sostenible». El colofón del curso fue tratar la necesaria confluencia para una sostenibilidad real, de lo ecológico, lo económico y lo social, manteniendo un equilibro entre êthos y oikós, todo ello como reto fundamental de nuestra libertad como responsabilidad.

Las personas asistentes participaron en los debates que se establecieron, nunca en la cantidad deseada por todo ponente, pero contribuyeron al esclarecimiento del tema y las dudas que podían surgir. Entre las personas asistentes estuvo Andoni Alonso, profesor de filosofía de la casa, y al que al final de la mañana invitamos a subir a la mesa para exponer los argumentos que quería aportarnos con su crítica a la globalización desde los postulados del software libre.

Laico, laicista, apóstata, fundamentalista…

Acabo de saber del blog de mis amig@s de CALA, http://fundamentalismolaicismoapostasia.blogspot.com , casi coincidiendo con la visita de mi ahijado Ismael, su hermana y padres. Y esto me ha hecho pensar un poco más sobre estas palabras que usamos tanto últimamente.

Si me considero fuera de una organización como la Iglesia católica, como ya he dicho aquí antes, es porque he hecho apostasía de alguna manera. Eso parece claro. Otra cosa es que se me considere así por parte de dicha entidad, ya que me niego a tener que hacer ningún papel al respecto. ¿Por qué? Simplemente porque mi pertenencia a esa entidad nunca fue fruto de un acuerdo, de una firma,… sino de un compromiso, de una promesa que además de hacer por mí mis padres en el bautismo, hice explícita al solicitar mi matrimonio eclesiástico tras un año del civil, y participar activamente en la vida parroquial durante varios años, en los que incluso fui catequista de niñ@s en su preparación a la Primera Comunión. Ahora simplemente he descubierto que mi papel de laico y mi fe, no se ven reflejadas por lo que dice la Iglesia católica.
Es la Iglesia la que me deja fuera, a las puertas; me veo como Péguy. El desacuerdo entre la fe y quien dice tener la única clave de la misma, es un problema profundo.

Pero el laicismo, ese desenfrenado intento por eliminar lo de importante que tiene la religión en la vida de muchas personas, y no como cuestión individual, si no también comunitaria. Y ese laicismo es un fundamentalismo reactivo, como el de quienes no quieren ver desde la Iglesia católica que cada día se alejan más del Evangelio, amenazando, no llevando la palabra sanadora.

Y claro, ¿como puedes acompañar en la fe cristiana a un ahijado, siendo apóstata? Pues intentando ser ejemplo de vida (que nunca se sabe si se está siendo un buen ejemplo), y en cada momento que sea posible mostrar que la «Buena Palabra» es eso, y nunca maledicencia, que a nuestros actos les acompañe la responsabilidad, y no la culpa, y que amar al otro es siempre prioritario.

Llegará el día en que alguno (o todas) de mis 4 ahijad@s ponga en tela de juicio mi forma de actuar. Ese día será una pruba para el juicio grande. De momento, dejo el fundamentalismo a quienes no son capaces de sentarse a la mesa con el otro, o sea, a aquellos que no son capaces de compartir ni si quiera su fe con quienes creen diferente, o no creen.

Mientras, seamos ejemplo.

Argumentos solicitados

Como parece que hacen falta argumentos para apoyar lo dicho anteriormente sobre el Sr. Sala i Martín, vamos por puntos.

Coca-Cola. Una compañía multinacional que crea una red de distribución, lo hace para enriquecerse, no para crear puestos de trabajo. Estos se crean en este caso, porque el marketing agresivo de dicha compañía genera la necesidad de consumir su bebida refrescante en los lugares más recónditos de nuestro mundo. Y esa necesidad es la que se ve cubierta con el ingenio y el esfuerzo donde no llegan el asfalto o las grandes vías de distribución. El problema es que en África, como en buena parte de Asia, donde escasea el agua potable, esta multinacional consume cantidades ingentes de este preciado tesoro, mientras el grueso de la población contrae enfermedades graves por el consumo de agua en mal estado o simplemente no encuentra agua que beber. Eso es ya suficientemente grave para no banalizar sobre las bondades desarrollistas en África.

Esclavitud. Cientos de miles de personas fueron arrancadas por la fuerza durante siglos, desde países donde existían sociedades estables, con culturas en desarrollo y economías sostenibles, por nuestros antepasados directos, europeos ansiosos por hacer funcionar un sistema que generaba grandes riquezas en poco tiempo y con una relativa poca inversión. Así la Revolución Industrial, momento en el que Europa y Norteamérica se lanzaron al loco desarrollo con la única meta del tener, de la avaricia, se hizo sobre las espaldas de quienes hicieron realmente el trabajo; esclavos africanos, y masas de trabajadores de todas las edades y sexos con mínimos salarios. Esa es la Deuda, con mayúsculas.

Desarrollo. Esa nefasta idea progresiva de que podemos crecer y crecer, o sea producir y gastar, gastar y gastar, más y más, sin límite, por la que buscamos que los países empobrecidos lleguen a nuestros niveles de renta, y nosotros seguir subiendo también. Como el pretroleo se acaba, pues busquemos en los biocombustibles; que estos generan hambre y más pobreza porque utiliza como materia prima el alimento básico de los más necesitados,… Pues busquemos en las energías alternativas; si con ello además podemos sustituir la desinflada burbuja inmobiliaria, porque utilizar el terreno productivo (agrícola) es más productivo (monetariamente) poniendo placas solares a diestro y siniestro, pues hagamoslo sin ver su sostenibilidad.

Corrupción. ¿Pero qué corrupción? La de los banqueros, las entidades municipales corruptas,…
Democracia. Exportar sistemas como si fueran recetas, cuando además vemos que no funcionan de manera correcta en nuestros propios países, no es una buena práctica.

En fin, razonamientos sobran. Basta ver que nuestro mundo no es sostenible, que no puede dar el máximo para todos y todas, así que no queda más remedio que repartir, y eso, nos lleva inevitablemente a que nuestra rica Europa, nuestro rico occidente, el primer mundo que está repartido por todo el orbe, debe decrecer, abajarse, repartir, para que quienes no tienen, tengan.

Respuesta a Xavier Sala i Martín

La siguiente carta es respuesta a una entrevista que podéis leer en el enlace más abajo,…


Estimados Sres:

Acabo de leer una entrevista que le realizan a su presidente, el Sr. Xavier Sala i Martin en el periódico económico español 5 Días, en la sección 5 Sentidos.

Soy presidente de una pequeña ONGD extremeña que se dedica principalmente a la EdP, miembro de la Junta Directiva de la Coordinadora Extremeña de ONGD, miembro activo de la Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS), y filósofo especializándose en Ética del desarrollo.

Tras leer su entrevista y revisar detenidamente los objetivos y misión creo poder comprender claramente su forma de pensar.

Espero pueda transmitirle mi más sincera repulsa, molestia, desagrado, enojo, y discrepancia con respecto a lo que representa y lo que expresa. Precisamente es gente como su presidente la que crea opinión en este mundo, y la que consigue que la imprescindible toma de responsabilidad por parte de los ciudadanos y ciudadanas sobre el tema de la pobreza, quede aparcada.

Además sus referencias despreciativas del horror de la esclavitud, y de la actividad de las organizaciones que trabajan por que un mundo mejor sea posible, sólo demandan la exigencia de excusas por su parte de forma pública e inmediata.

Espero que en algún momento descubra que este mundo debe afrontar el futuro con la idea de que el decrecimiento para un mejor equilibrio, el reparto justo, y unas nuevas estructuras sociopolíticas y comerciales, son la única vía posible para poder vivir en paz.

Juan Carlos Vila

Asociación Cultural Tremn

http://www.tremn.org

Entrevista original

Militancia en el siglo XXI

¿Quién sabe hoy lo que es militar en una entidad o por una idea? Creo que muy pocas son las personas que en los días que corren quieren reconocer que su actividad es militancia. La última valorada, la de los partidos pólíticos ya no forma parte de esas cosas «bien vistas», y si se tiene carnet, pocos son lo que militan; la mayoría pertenece.

Y pertenecer se pertenece muchas veces en concepto de propiedad. Nos hemos convertido en propiedad de nuestras «propiedades». Somos de tal partido, de tal religión o de tal tendencia. Les pertenecemos y con ello nos desprendemos de nuestra experiencia vital. En realidad, militar significa que nuestra voluntad e intención convierten la vocación en acto, y que nos llevan a ser y actuar, y no a tener ni ser tenidos.

¿Milito o pertenezco? Con-pasión, co-operación, co-razón.

Apostasía y fe sin iglesia

Leo con sorpresa y preocupación el bautismo de un apóstata musulmán, el periodista italo-egipcio Magdi Allam.
La sorpresa proviene de sus razones; como fe, dudo que el Islam sea ni mejor ni peor que el Cristianismo, y desde luego ninguna encierra toda la verdad; como opción de vida ante el dilema de la pertenencia, creo que la opción (es cierto que obligada por las circunstancias) de Péguy, de ser cristiano sin iglesia, es la más acertada.
La línea de confrontación elegida por los dirigentes de ambas religiones es notoria, y actos como este sólo conducen a un odio que no proviene de la fe, sino de las formas que elegimos para expresarlas. Mi fe en Jesús está absolutamente alejada del rechazo de otra fe, por el hecho de que su forma de expresarse más notoria sea violenta.
Si Magdi Allam lo hiciera en la intimidad, creería en sus buenas intenciones, pero cuando se convierte en imagen para exhibirse en el momento de mayor relevancia para el bautismo de un cristiano, de manos del mismísimo Papa, creo que pesan más su razones ideológicas que las de su fe. El fariseismo es algo que hemos condenado siempre.

Nos ha dejado A.C.Clarke

De mis años de adolescencia tengo como recuerdo imborrable las tardes de lectura de la buena Ciencia Ficción que tuve entre mis manos desde que una recopilación de Asimov me introdujo en ese mundo de anticipación, que ya había saboreado en la televisión con Star Trek (Viaje a las estrellas, para mí entonces).

Pero si la vieja CF de los años 30 y 40 del siglo XX era buena, descubrir 2001, Una odisea en el espacio, no sólo me confirmo en el gusto por el cine, sino que me introdujo en la lectura de Clarke. Durante cerca de 5 años alterné a Asimov y a Clarke atravesando las Fundaciones y todas las etapas de la ciencia llevada a la predicción; ellos me prepararon para entender a Lem, Dick o Bradbury, pero estoy seguro que nunca hubiera podido comprender bien la magia que transcurría en Macondo si no hubiera navegado antes sobre Europa intentando comprender a HAL.

Recuerdo que el mismo año leí cuatro libros fundamentales; 1984 de Orwell, 2001 de Clarke, Cien años de soledad de García Marquez y Cinco lecciones de metafísica de Zubiri. Tenía 15 años, y estaba convencido que quería ser astrofísico. Buscaba comprender el mundo, lo que había más allá, lo incomprensible, lo fantástico; aquel año diseñé una nave estelar, imaginé como sería su tecnología, y como sería su orden social. La magia de lo fantástico, compaginada con la realidad soñadora de la tecnología y la ciencia, la búsqueda de Dios y la comprensión de la realidad, todo ello para un cambio a mejor de la sociedad que me rodeaba…

Ese optimismo se respiraba en las páginas de Clarke. Yo no era consciente entonces, pero me ayudaron a lanzar mi mente más allá. Cuando escucho el pesimismo es mi hijo mayor, me duele, porque creo que es una edad, la adolescente, que precisa de un motor potente que te lance hacia delante. Yo lo encontré en sus cuentos y novelas, en parte, y por esa parte mi agradecimiento póstumo.

Llegó el tiempo del campo

Hacía mucho que no escribía, y en parte se debe a una dedicación nueva, que acompaña a la nueva casa; la tierra. La azada, o el zacho, como se dice por estos lares, es lo que me ha «robado» el tiempo.

La tierra seca o húmeda en las manos, el dolor de riñones, ese esfuerzo físico que tantas veces he rehuido. El olor de la tierra, la hierba y los árboles tras la lluvia, o al amanecer; el zumbido de las abejas entre las flores; las mimosas amarilleando o los brotes del rosal.

La cuestión es que ahora es el tiempo de que la tierra pueda colarse entre las teclas de mi portátil, al igual que nuevos y viejos personajes de la política se introducen en nuestras vidas.