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Acerca de Juan Carlos Vila

Filósofo; dianoia y dialógica van unidas a la persona. Especialista en Charles Péguy, y Personalismo Comunitario. Chileno de nacimiento, extremeño de adopción. Profesor de secundaria en el Colegio Paideuterion de Cáceres.

Apostasía sin papeles

Cada día que pasa tengo que reconocerme menos católico y más cristiano. Durante un largo tiempo, los primeros 25 años de mi existencia fui un agnostico convencido, que si bien creía en una forma superior de entendimiento, no consideraba que tuviera nada que ver con la figura histórica de Jesús de Nazaret. Pero en un proceso que realizamos mi mujer y yo juntos, se produjo mi conversión al catolicismo, con participación activa en la vida parroquial y una inmersión cada vez mayor en el terreno de la teología.

Hasta entonces mi formación filosófica me había llevado a estudiar (y compartir) a muchos filósofos católicos, y quizás por ello comencé a moverme por ese terreno con mayor facilidad. Pero desde el principio, mi postura fue crítica con muchos aspectos de una religión en la que creía, pero que consideraba debía cambiar.

La verdad es que desde entonces a ahora, he mantenido dicha postura crítica, pero vista desde dentro he tenido la oportunidad de ver que la estructura es netamente de poder y que muchas de las cosas que yo consideraba debían cambiar (en un proceso en el que los creyentes se implicaran) no lo iban a hacer porque el interés es muy grande en que eso no suceda.

La pérdida de control sobre determinadas cuestiones está sobreviniendo al catolicismo de forma paulatina, lo que ha hecho que se aferre a aspectos de gran trivialidad, para mantener a unos fieles, que en muchos casos lo son por costumbre; la concepción pura de María, las procesiones, la imaginería, …. ¿Acaso puedo imaginar mayor gloria para María que el fiat, que tenemos que aferrarnos a la purísima concepción?

Y todo esto además se trasluce en un profundo avance de las posturas más recalcitrantes dentro de la jerarquía y en los mismos laicos.

Por todo ello, si bien algunos ya me lo han oído decir, me considero desde hoy un cristiano sin iglesia, ya que ninguna de sus representaciones terrenas puede aceptar mis planteamientos autocríticos y reformistas. Tal y como se considerar Péguy al intentar retornar al seno del catolicismo, hoy cruzo en sentido de salida, la puerta que crucé oficialmente en 1990 en sentido opuesto. Sin apostasías, sin papeles, no como entré, con testigos y notario de la iglesia. Aunque públicamente, con pena eso sí, y con la proximidad que he mantenido siempre como creyente al ateo, y como crítico al creyente.

Hambre en Navidad

Estamos en Navidad. Y simplemente estamos, pasamos por ella, ontológicamente compramos, somos comprando-en-navidad, como lo somos en otras muchas ocasiones. Preguntarse por las razones, por los motivos, porqué es Navidad, o cualquier otra cuestión es simplemente sobrante. Lo importante son las luces, el ruido y las costumbres. En realidad, sombras de un mundo que se tambalea, pero como un gran gigante, amenazante en su caída.

El consumo desenfrenado ya no es un problema por el hecho de tener y tener, sino porque tener implica que otros no tienen. Gracias a la globalización hemos conseguido hacer patente que los países no son pobres, sino empobrecidos, que los países no somos ricos, sino enriquecidos, confirmándose el adagio anarquista de que “todo rico es ladrón, hijo de ladrón, o nieto de ladrón”. Ahora sabemos que disfrutamos de aquello que nos es prescindible por encima de los hombros de alguna muchacha china que es explotada, o de algún niño congoleño que es esclavo en el siglo XXI. Pocos son conscientes de que la Revolución Industrial se hizo sobre las espaldas del esclavismo y la servidumbre, y así son muchos que siguen pensando que África vive la situación que vive por negligencia o ineptitud; es el colmo de la desfachatez.

Pero cuando un niño decide pedirle comida a Papá Noel ( o Viejito Pascuero, como le he llamado siempre) en su carta (http://www.elpais.com/articulo/internacional/Querido/Papa/Noel/vamos/dormir/hambre/elpepuint/20071225elpepuint_13/Tes ), entonces deberían sonar todas nuestras alarmas, nuestro espanto debería ser capaz de elevarse por encima de la mediocridad. ¿No os pasa a vosotros y vosotras? ¿No os oprime la impotencia?

Que Dios se apiade de nosotros.

10 de diciembre, Dia de los Derechos Humanos

Este lunes pasado celebramos el 59 aniversario de la firma de la Declaración de los DDHH por la Asamblea de la ONU. Dentro de las actividades del taller que llevo a cabo para la asociación Tremn, el Taller de Arte y Pensamiento, estuve en uno de los 8 institutos de secundaria (y colegios de primaria) a los que acudo mensualmente, todos en la provincia de Badajoz, todos menos uno, en el ámbito rural.

Tenía ese día dos grupos, uno de 4º y otro de 2º de la ESO. Con ellos además, centro mi trabajo en el tema de los conflictos y la paz, por lo que ese día tomaba un cariz muy significativo. Pero mi entusiasmo inicial se transformó primero en desilusión, y luego en amarga desesperanza. ¿Qué estamos haciendo con nuestras chicas y chicos, que sitúan sus expectativas de una manera tan materialista y cercana? ¿Cómo hemos conseguido borrar la utopía y el deseo de cambio, hasta unos límites tales?

Primero me enfrenté al desconocimiento absoluto sobre la fecha. Cuando descubrieron qué día era, y les pregunté por lo que sucedía en España en el momento de la firma, el desconocimiento más absoluto. Sólo uno supo decir que vivíamos la posguerra y la dictadura de Franco; “Ahh, sí, lo de Cuéntame”, respondieron dos chicas a mi izquierda. Lo que sucedía en Europa… el mismo chico contestó que había finalizado recientemente la II Guerra Mundial; el resto nada. “A mí me preocupa aprobar el examen que tengo después, qué pasaba entonces me importa poco, no me afecta nada, así que…”, me espetó otra muchacha. ¿Qué relación había entre la celebración de hacía a penas 4 días (el día de la Constitución), con este de hoy? Ninguna. “Si Franco consiguió morirse en el poder, hoy hubiera podido perpetuarse después de muerto”, pensé en aquel momento.

Pero lo peor estaba por venir; de esos vientos,… Con el grupo de 2º intenté afrontar el tema de las discriminaciones como fuente de conflictos, y lo que obtuve fue: “Fulanita (omito su nombre por razones obvias) es una guarra, como no va a serlo si ya lo ha hecho (en referencia a que ya había tenido relaciones sexuales con 15 años); “Los rumanos, son todos unos ladrones, borrachos y asesinos. Todos los asesinatos en Madrid, los hacen ellos”. Chicos (de las tres chicas, dos callaban, y la tercera era literalmente despreciada; ella mantenía el tipo admirablemente) de 14 y 15 años que tienen esa visión del mundo y de sus semejantes son nuestro futuro.

Pero al salir del centro, descorazonado, he recordado a un grupo de 6º de primaria que tengo en otro pueblo, y que puedo decir que normalmente me “salva”. Y no hay mucha diferencia entre ellos; pueblos pequeños, poco conocimiento del mundo en el que viven,… pero tienen una visión de cómo debería ser este mundo, que creen debería ser mejor. Me hablan de compartir, veo la incomprensión en sus ojos cuando hablamos del hambre, de lo que tienen y otros ni sueñan… Y me salvan. Soy una circunstancia de su acontecer, y salvándome están haciéndose conscientes de su realidad; están vislumbrando que otro mundo es posible.

¿Tenemos los medios de comunicación que nos merecemos?

Hemos caído en manos de unos medios de comunicación transmisores de miseria intelectual, mentiras flagrantes y una constante manipulación de la realidad, mucho más sutil y eficaz de la que imaginó Orwell en “1984”.

Basta ver los periódicos, escuchar los “partes” de la radio, o ver los informativos televisivos de ayer y hoy; Venezuela, Rusia, Filipinas y el último atentado de ETA como ejemplos.

Hugo Chavez ha sido asimilado a un dictador repetidamente, pero cuando pierde el referéndum para cambiar la Constitución (a su medida, eso es cierto), se dice que su reforma ha sido tumbada. Nada importa que haya sido un proceso electoral limpio antes y después, porque lo que interesa es que quien fue mandado callar se confirme como dictador, y ahora como perdedor.

Pero Putin, que elimina a sus adversarios, les prohibe la participación en las elecciones, y que impide la presencia de observadores europeos, es recibido y reconocido como un “lider” y el sistema que mantiene no es cuestionado; y la presidenta de Filipinas, acusada de continuos fraudes, que es recusada por la mayor parte de su país, es recibida como en España como gran amiga, por nuestro jefe de estado y por el jefe de gobierno.

Curiosas formas de entender lo que es ser democrático, o representativo, ….

Y finalmente, la vomitiva forma de presentar el asesinato que este fin de semana cometió ETA en el sur de Francia. Nos tragamos impasibles la descripción del atentado, cuando los testigos, o están huidos, o muerto o en coma profundo; se supone que un “cruce de miradas” que nadie ha podido relatar fue suficiente para que asesinos y guardias de paisano se reconocieran, para acto seguido darse la espalda. Nadie se cuestiona que lo fortuito en estos casos es lo improbable, que si estos guardias vigilaban a alguien, fácilmente pudiera haber sido a sus propios asesinos… en fin, que preferimos el sentimentalismo de las recurrentes imágenes del dolor y la desesperación de sus padres (que merecen todo el respeto y apoyo, como también intimidad), a exigir que nos cuenten la verdad. Como también les permitimos que en un titular indiquen “ANV y Batasuna rechazan condenar la acción criminal”, y en el desarrollo de la noticia digan que ambas formaciones “eludieron ayer condenar…”; ¿somos conscientes de la diferencia básica, fundamental, cualitativa, de ambas afirmaciones? ¿reconocemos que rechazar y eludir son dos términos que difieren profundamente, siendo el primero una actitud clara, y la segunda una suposición del que escribe y una ausencia de declaración?

Pero basta ir al nada sospechoso “Le Monde” para encontrar declaraciones de Batasuna que no aparecen en nuestros medios, como la que figura en http://www.lemonde.fr/web/article/0,1-0,36-985018,0.html, “el atentado…. pone en evidencia la necesidad que tiene el Pais Vasco de abordar con urgencia un escenario democrático, un escenario que vaya más allá del conflicto”. Lo que sorprende es que Batasuna califique el hecho de “atentado”, lo cual nunca ha aparecido en nuestros medios.

Por favor, analicemos las noticias que leemos, pensemos sobre ellas, no nos quedemos en la superficie y reaccionemos como marionetas, ante estímulos pensados para dirigir nuestras respuestas. Todo esto me recuerda unas palabras que escuché en una grabación de archivo, que pronunció el difunto crítico de cine español, Alfonso Sánchez al respecto de la censura en España (en 1972); “Cada cultura tiene la censura que se merece”.

44

Solemos buscar razones realmente peregrinas para justificar porqué escribimos algo, asi que creo que el que los años que cumplas sean dos números repetidos, es una tan válida como otra. Cumplo 44.

Ahora los años parecen más sonoros, más importantes, o incluso relevantes, que antes. Pronto serán 40 los años que vivo en España; pronto también 20, los que comparto mi vida con mi esposa; y de muchos acontecimientos que fueron importantes empiezo a medirlos en cifras que suenan abultadas. Las canas ya son abrumadora mayoría entre los pocos pelos que aún me quedan; incluso salen en la perilla, antes bastión de mi color de pelo original.

Y no dejo de preguntarme como aprovechar mejor los años que siguen. Últimamente hablo mucho con niñas y niños, adolescentes la mayoría, asi que es posible que la mejor indicación esté justo ahí; mejor que felicitarme, agradecerle a gente como Juanjo (de Azuaga), Gorka, Esmeralda y Amanda (de Badajoz), Luz María (de Villanueva del Fresno), Isabel (de Táliga) y unos cuantos más, que me mantienen despierto, aunque sea sin ser conscientes de ello. En sus manos está su y mi futuro, y me dan la oportunidad de ganármelo cada día.

La relevancia de la noticia

La búsqueda de la relevancia, de lo realmente importante, es la tarea más difícil de quien procura seguir la información diaria. No solamente conocer lo que sucede en el mundo, sino ser crítico con qué y como llega a nosotros la noticia; esa es la tarea difícil en un mundo globalizado. En los últimos meses podemos encontrar tres ejemplos relevantes de lo que digo: Libia y las enfermeras búlgaras, Chad y el Arca de Zoé, y el incidente de la última cumbre iberoamericana de Santiago de Chile.

En el primer caso, el epicentro de la noticia ha estado en la situación de indefensión de las enfermeras búlgaras y el sanitario palestino, que se encontraban condenados a muerte en Libia. Tras las primeras noticias llegadas a España, hace ya unos años, el que debería haber sido punto de mira fundamental quedó eclipsado por la combinación Gadafi/condena a muerte; nadie recordó más al medio centenar de niños y niñas que o bien han muerto tras desarrollar el SIDA, o bien son seropositivos tras el contagio que sufrieron. ¿Quién los contagió? ¿Por qué? ¿Qué pruebas hay contra estos sanitarios extranjeros para condenarlos? Durante el último año lo único que importó fue que un dictador del norte de África iba a ejecutar a unas enfermeras europeas. Barbarie contra civilización. Pero, ¿y los afectados?. Si realmente fueron ellas las causantes, sacarlas de allí como se las ha sacado es un acto execrable; si no fueron ellas, ¿Quién o quienes lo hicieron? Todo esto no aparece en las noticias que se escribieron sobre el caso hasta hace pocas semanas.

En el segundo, se empezó cargando las tintas contra “la ONG”, y pronto se centró en la detención de españoles y franceses. ¿Qué iba a ser de nuestros conciudadanos en un país como Chad, que desconocemos si tan siquiera cuenta con procesos judiciales establecidos? El fantasma del odio racial de negros sobre blancos planeaba noticia tras noticia,…. Y como siempre, se relegó a los niños y niñas, que fueron sólo la disculpa final para redondear el sensacionalismo necesario, tras la liberación de los y las tripulantes y periodistas europeos. Una vez en casa, alguna noticia sobre la ONG, y al olvido, al montón de cuestiones “irrelevantes” que acontecen a diario, pero de las criaturas que iban a ser vendidas a unas familias de nuestra rica Europa, nada más se supo.

¿Y del rifi-rafe de Santiago? Pues salvo la famosa frase, que ha pasado a engrosar el mundo de los politonos para móviles, y el de los dominios de Internet, poco más que los continuos estallidos del presidente Chávez. De la mala imagen generada por Juan Carlos de Borbón en Iberoamérica, nada. En pocos lugares se podía ver la secuencia completa de los acontecimientos, para poder valorar el hecho en su conjunto, sólo el trocito que interesaba.

Busquemos y miremos tras las noticias que nos llegan. Filtremos, analicemos, y seamos críticos con la información, para poder comprender mejor el mundo que nos ha tocado vivir.

¿Porqué desde el escaque?

Desde el escaque, desde ese lugar que, plano en el espacio, es una sesentaycuatroava parte de la superficie que tiene el jugador de ajedrez para desarrollar su necesidad vital de movimiento. Desde ese cuadro de binaria necesidad quiero exponer aquellos pensamientos que voy desgranando en cada movimiento de mi vida.

Cada acontecimiento que se transforma en tal, cada acción que considero que debe ser dialogada, debatida, mostrada, esculpida, verbalizada, cada combinación de movimientos entre dos escaques que refleja una postura vital, una forma de entender el mundo que habitamos, que hacemos, que construimos al cruzar el tablero por la diagonal o al avanzar uno de nuestros peones.

Estas son las razones que me mueven a escribir en este cuaderno. Y lo hago desde el lugar que ocupo en cada momento, precisamente al posicionarme, al volverme sujeto de esos acontecimientos.

Aquellos que me conocen, saben que el ajedrez me ha perseguido (o yo a él) a lo largo de toda mi vida. Pero ha sido hace relativamente poco que he podido comprender que su importancia supera la de un medio para competir con otros. La idea misma de juego como representación, como puesta en escena de algo que no es exactamente lo que se lleva a cabo, me llevó a buscar más sobre su historia, sobre sus principios, y tal como aparece en la imagen de cabecera de este blog, el ajedrez es la escenificación de un diálogo de dos que pretenden saber más uno de otro, que buscan conocerse.

Está claro que puede usarse para distraerse, para buscar la autorrealización en una competición, o simplemente para llevar a cabo una serie de movimientos mecánicos, matemáticamente previstos, lógicamente coherentes. Pero también puede jugarse para comprender, para entender la manera de ver el mundo de la persona que tenemos enfrente.

Lo que busco es poner en práctica todo esto, lanzar envites a quienes me lean y quieran dialogar sobre lo expuesto, sobre lo que acontece en el mundo que conformamos.

Fiesta Nacional

Hoy es un día de fiesta en muchos países, pero en el Estado español es un día especial, sobretodo en los últimos tiempos. Recuerdo que en mi infancia, este era el día de la Hispanidad, y que servía para recordar lo que nos unía a los hispanoparlantes. Pero ahora tiene un significado propio en el espacio peninsular que ocupamos.

La eterna tensión entre las imágenes que se han creado de España en los inconscientes colectivos a lo largo del tiempo, siguen presentes, siguen latiendo con fuerza en los debates, en las opiniones y en las celebraciones como la de hoy.

En todo el continente americano, y en países europeos como Francia, Portugal, y otros del este, las «fiestas patrias» tienen un significado muy especial, normalmente unificador, a pesar de las diferencias que se tengan en otros ámbitos, y se comparten símbolos. Pero en este estado plural nuestro no existe tal posibilidad, por más que se empeñen unos y otros en darles un sentido positivo, generalizador, o del tipo que sea. La memoria histórica, tantas veces débil y escuálida, funciona de manera perfecta en esta ocasión.Hemos acostumbrado hacer un uso sectario de los símbolos, y lo hemos pagado con una eterna insatisfacción colectiva a la hora de usarlos. Por eso unos toman una bandera contra otra, o escuchan con fervor un himno y con desprecio otro; por eso nos arrancamos los símbolos de las pecheras y de las esquinas. Representamos una y otra vez el cuadro de Goya.

Pero tengo mis razones para inclinarme claramente por una de las opciones más que por otra. Estoy convencido de la pluralidad del Estado español, y de que la única forma posible es la misma por la que apostamos en Europa; la Federación. Un estado federado, donde las diferentes identidades, nacionalidades o formas de sentirse español (como queramos llamarlo), puedan tener un espacio de expresión particular, que a su vez de cancha a la expresión de lo común. Y ese estado federado sólo puede ser republicano y laico.

Entiéndase laico como el de un estado independiente de cualquier creencia religiosa, no laicista, o sea enfrentado a todo tipo de creencia religiosa. Entiéndase republicano como el de un estado que se organiza en función de las personas, y por tanto en el equilibrio de la expresión de su individualidad y de su faceta pública, en libertad (por tanto, responsablemente) y solidaridad (por tanto, amorosamente).

En cuanto a los símbolos. Creo que tienen su importancia en tanto que muestra de una idea común. Hoy por hoy eso es difícil. Yo sigo inclinado por la tricolor y el himno de Riego como símbolos del estado, pero comprendo que puede llegar el momento en que se haga necesaria la aparición de terceras opciones que deslinden el dolor, el padecimiento y la turbación que han representado las dos opciones existentes hoy.

Sirva pues esta entrada como inicio de las reflexiones que quiero hacer sobre la realidad que me ha tocado vivir, a la luz de los acontecimientos de mi mundo, poniendo algo más de luz, algo más de posibilidad de dialogar, algo más de cada una de nosotras como personas que somos.