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Acerca de Juan Carlos Vila

Filósofo; dianoia y dialógica van unidas a la persona. Especialista en Charles Péguy, y Personalismo Comunitario. Chileno de nacimiento, extremeño de adopción. Profesor de secundaria en el Colegio Paideuterion de Cáceres.

Hablando de cine y religión

No hace mucho he conseguido ver Ágora, de Amenábar. Gracias a quienes creen que compartir es necesario he conseguido verla en buena calidad, ya que no conseguí ir a verla en el cine. La verdad es que tenía muchas ganas de verla, ya que el personaje de Hypathia siempre me ha llamado la atención, por el hecho claro y evidente de que la Historia (oficial) de la Filosofía ha olvidado a todas aquellas mujeres que han desarrollado pensamiento a lo largo de la Historia, el encontrar mujeres que hubieran generado pensamiento filosófico. Y esta pensadora greco-egipcia es de la que más sabemos de la antigüedad.

Las expectativas cinematográficas no me han defraudado; la película me ha parecido excelente y recomendable desde todos lo puntos de vista, máxime cuando ha generado tanto debate en mi interior y a mi alrededor. Es de agradecer el interés que Amenábar a prestado al personaje, a priorizar su carácter de filósofa, frente al habitual de verla más como matemática o astrónoma, y el de informar de personajes como Cirilo de Alejandría.

Una vez que entramos en la temática tengo que agradecer que se haya optado por una versión más amable del final del que la tradición nos ha hecho llegar, de la protagonista. Un final que seguramente se pareció más al más terrible de los que se cuentan, pero que cinematográficamente nos permite un respiro final. Bastante terribles son los 120 minutos anteriores.

Pero a donde quería llegar es al mensaje, a la ideología que transpira esta película. Según mi opinión, existen tres líneas de pensamiento fundamentales en los personajes: los creyentes, sean griegos, egipcios, cristianos o judios, forman un bloque diáfano con respecto a lo que se quiere transmitir; Hypathia, que representaría al ateísmo, la razón y la voluntad de investigar para aprender; y los adaptativos, quienes anteponen sus intereses y su posición a cualquier creencia o ideología. Para aclarar más mi tesis, decir que para el director y guionista (una misma persona en este caso), creencia y práctica de una religión parecen ser una misma cosa.

Los primeros, los creyentes o practicantes, son presentados sin excepción como tendentes al dogmatismo y al fanatismo. El caso de los parabolanos es paradigmático, ya que a pesar de mostrar actitudes piadosas después se muestran como despiadados miembros de la guardia personal del obispo. Se trata de gente que no piensa, no razona, y que actúa según los dictados de sus líderes.

Los adaptativos, como el caso de Orestes, que pasa de alumno de Hypathia con creencias egipcias basadas en una tradición cultural y no en la fe, pasa a ser Prefecto de Alejandría a las órdenes de Teodosio II, y para calzar mejor en ese nuevo orden se convierte al cristianismo, que reconoce no practicar, aunque cree que las enseñanzas de Jesús son positivas. Finalmente optará por plegarse a las exigencias del obispo Cirilo y abandona a su suerte a Hypathia. Es un pragmático, un realista.

Finalmente Hypathia. La razón, la investigación, el asombro ante las leyes de la naturaleza, explicables mediante la matemática, siempre en búsqueda de la verdad. Se niega a aceptar una práctica que contradiga el dictado de su razón.

Con este panorama, Amenabar nos presenta un claro mensaje; los fundamentalismos se encuentran en el seno de toda práctica de una religión, y al no hacer diferenciación entre fe (creencia) y estructura religiosa, al identificar fe y religión, hace una condena unánime de cualquier fe, a excepción claro de la Razón.

Esta confusión, este solapamiento de términos es común en el mundo moderno, que busca simplificar ante todo; al igual que escolarización y educación se confunden, fe y religión se convierten en una única cosa. Aquello en lo que creemos se confunde con la estructura de poder que se genera por debajo, y que se sirve de ella para alcanzar cuotas de poder. Benedicto XVI habla de «agudas alianzas» al referirse a la forma en la que Cirilo de Alejandría (santo y doctor de la iglesia católica) había llegado a reducir a hereje a Nestorio, obispo de Constantinopla. ¿Puede se santo y doctor en la fe cristiana un individuo como ese?

Ya en mis primeros tiempos de converso al catolicismo insistía en que el verdadero futuro del cristianismo eran las catacumbas; retomar ese momento de minoría, de persecución, sería en el que se podrían retomar las enseñanzas del Evangelio. Si algo ha conseguido el visionado de Ágora, acompañado por alguna otra experiencia próxima, es el sentirme definitivamente fuera del catolicismo, y probablemente más dentro de la fe en Jesús, y en sus enseñanzas que fueron simples y asequibles, entre las que no se encontraba nada de la estructura actual que llamamos iglesia.

Reflexiones sobre la estulticia

De necedad y tontería se completa la estulticia. Y de esta están plenos los políticos de este sistema nuestro, aquí y acullá. Hace unos días, un ministro latinoamericano se atrevió a decir cosas que aquí nadie osa mencionar; verdades como puños. Pero la indignación del necio no se ha hecho esperar, y nos quieren hacer olvidar que Don Manuel ha campado por esta democracia de la misma forma que lo hizo en la dictadura, con la tranquilidad del impune, quien fue ministro depurador y censor de la dictadura franquista, y quien es un venerable ex-presidente de comunidad autónoma, que recibe de seguro una pensión vitalicia pagada con nuestros impuestos. Así que los servicios prestados en dictadura le son recompensados por los mismos a los que ordenó encarcelar, dándole la impunidad. Pero que alguien venga a airear dichas cuestiones, y relacionarlo con el partido que preside como fundador, es algo escandaloso.

Que se diga que es un partido de derechas, también les ha resultado insultante… que relacionaran al Sr. Azanar con el golpe de estado en Venezuela también… cuando nadie quiso investigarlo aquí, aunque había evidencias para hacerlo…

Y que se diga de un juez, que tiene intereses en una ideología política, también es escandaloso, que se diga que puede ser parcial en sus juicios también…

Ah, pero que desde aquí se acuse a otros de crímenes gravísimos, aunque hubiera base para ello, sí que es aceptable. Por que nosotros TENEMOS LA RAZÓN.

Decía Charles Péguy que la razón no «se tiene», es un útil que nos permite ser lo que somos, personas, pero no somos poseedores de ella, y para explicarlo con calma escribió un artículo en sus Cahiers titulado «De la raison».

Por cierto, no soy defensor del actual gobierno venezolano, como no lo soy de ninguno, por si a alguno se le ha pasado por la imaginación.

Fundamentando éticamente la educación en familia

Este texto es respuesta al de Santiago J. Cabedo Cercós, Fundamentos para una ética del Homeschooling, publicado en los blogs de Madalen Goiría y Carlos Cabo.

Estando en algunos de los puntos de acuerdo con el análisis de Santiago, y no pudiendo sustraerme a comentar este artículo por mi doble condición de padre que ha educado en familia, y de filósofo que avanza en la ética como camino de investigación, tengo que objetar algunos puntos de esta Fundamentación Ética.

La división de Kohlberg siempre me ha parecido que ponía en juego cuestiones complejas, como es la de la justicia, máxime relacionado con la felicidad. Pero ya que es el marco elegido voy a procurar moverme en él dentro de lo posible.

Primera objeción. Hay familias, y no pocas, preconvencionales y convencionales que educan en casa. Las primeras porque precisamente ven en la escuela tradicional un fracaso que les lleva a tomar ellos mismos las riendas de la educación. Y en el segundo, porque imperan criterios de priorización de lo familiar frente al cumplimiento de la leyes y de las conveniencias sociales. Obviamente la mayoría es posconvencional, pero creo que aplicar esta división a las familias que educan en casa no conlleva ninguna mejora en la comprensión de las razones que se tienen para tomar una decisión como esta, y el como se lleva a cabo. La razón fundamental es que la teoría del desarrollo moral comprende una evolución, son estadios dentro de una misma persona, y en este caso se lo estaríamos aplicando a un conjunto social para analizar un momento histórico concreto.

Segunda objeción. El proverbio africano es una de las frases que más se utilizan, sobretodo entre los que educan en familia. La razón fundamental es que se trata del convencimiento de que es el conjunto de la sociedad quien está o debe estar encargado de la educación de los retoños. Ese conjunto social es el todo social, no hay otras cosas fuera de la tribu; comprende sociedad civil, estado (o poder establecido), estamentos si los hubiera, familia, etc… Y es porque todos deben aportar al crecimiento de los nuevos componentes de la tribu, ya que los conocimientos y vivencias de todos y todas son imprescindibles para el funcionamiento de la tribu. Trasladado a la educación en casa, significa que no es una educación reducida al ámbito doméstico, encerrado en él, como tampoco lo es en el ámbito de la escuela. Se abre a las enseñanzas que todas las personas pueden y deben aportar a esa criatura a lo largo de su proceso de personalización. Por ello los conocimientos pueden ser tomados de las circunstancias más insospechadas y por los métodos más extraños; se trata de incorporar al recién llegado, o sea que pueda introducirse en el cuerpo social, o en la tribu.

Tercera objeción. Y llegamos a la paradoja de los mínimos. Paradoja porque las expectativas se minimizan, priorizando una mayor adaptabilidad a lo dado en la sociedad. Creo que esto no es aplicable en ningún caso a la educación en casa. La razón, pues que esta opción requiere riesgos, estar dispuestos a ceder ciertos niveles de uno de los grandes males de la modernidad, el deseo desaforado de seguridad. Arriesgar es la capacidad de la persona para la búsqueda de mejoras, es la reacción básica a la esperanza, es el motor de la humanidad. Y si algo requiere en este momento la opción de la educación en familia es la voluntad de riesgo; arriesgarse a educar cuando todos nos dicen que no estamos preparados; arriesgarse a hacer lo que no está bien visto; arriesgarse a configurar un modelo familiar que no está de moda.

Cuarta objeción. El paradigma de la modernidad es la escuela, y la escuela como productor de productores y consumidores, basta con dirigirse a Adam Smith y comprobar que él mismo consideraba la institución escolar como la gran fábrica de conciencias productoras/consumidoras. Otra cuestión es que en algunos honorables casos se ha repensado la escuela dandole posibilidades más que aceptables, con modelos educativos que la hacen deseable; Montessori, Milani, Pestolazzi,… Pero la modernidad es la que impone progresivamente el modelo escolar existente, no nos engañemos.

Quinta objeción. La idea central del texto dice que “el problema no está en las motivaciones, si son religiosas, pedagógicas o ideológicas, sino en detectar si cruza o no el límite ético de mínimos, es decir, si incumple alguna de las dos premisas que garantizan justicia para con el hijo, a saber, que pueda desarrollar en el libre ejercicio de su deriva personal su autonomía y su dignidad.” Cruzar este límite es un mínimo por debajo del cual estamos tratando al otro como cosa, como objeto, por lo que a penas estaríamos pidiendo comprobar si consideramos a nuestros hijos e hijas, personas. La cuestión es saber si el desarrollo de personalización, su crecimiento personal, se hace con qué criterios, y la cuestión estaría, de hablar de fundamentación de una ética, saber cuales son éstos y como se desarrollan. Entrar en ello es terreno complejo, evidentemente.

Y sexta objeción. La dignidad no se confiere sino que se tiene, es la justicia la que debemos buscar, así como la felicidad. Son nuestros objetivos, son nuestra esperanza, virtud entre las virtudes la más preciada.

Definir cuando es responsable, y más allá, éticamente responsable, la opción por el HE, es un trabajo por llevar a cabo, aunque en este trabajo se dejan ya entrever algunos aspectos importantes que sólo he pretendido matizar a través de objeciones que pueden sostener un posible debate al respecto. Desde “dentro” las cosas se ven distintas, es cierto, pero siguiendo el planteamiento de que es la tribu completa la que debe tener atribuciones educativas, debemos recibir elogios y críticas desde “fuera”. Lanzarse a educar es una aventura, ser maestro es una responsabilidad enorme, pues es una cualidad que nos confieren los demás, y nunca nosotros a través de un título, o el estado a través de una oposición, y ser padres que forman y educan es un riesgo, un maravilloso riesgo.

El miedo a perder

Parece una ley bien consolidad en el ser humano, esa de que cuando arriesgamos para conseguir algo, con el tiempo, nos volvemos conservadores, por el miedo a perderlo.

Esa debe ser la razón por la que 20 años después de dejar el gobierno de Chile los que sostenían a Pinochet en el poder, vuelven al gobierno ganando unas elecciones. Hace 22 años se arriesgó mucho por una campaña en la que pocos confiaban que tuviera un resultado positivo; fue una campaña de alegría, la gente poco a poco fue creyendo que podían al menos ganar en las urnas aunque luego el dictador y sus secuaces no dieran por válido el resultado. Pero este fue tan claro, 63/36 a favor del NO a la continuidad del dictador, que nadie se atrevió a cuestionarlo, y dio comienzo la época de la Concertación, que ha gobernado durante 20 años.

Pero todo lo que se había conseguido recuperar de la normalidad anterior al 73, y todo lo que se había ganado, una situación económica envidiable a nivel general, unas coberturas sociales que nunca se habían disfrutado en esta estrecha y larga franja de tierra, van a ser gestionadas por aquellos que ostentan el poder económico, y se guían por criterios de un capitalismo a ultranza. Pero quien teme perder, pierde; sólo el que busca obtener algo, se adentra en el futuro.

Una sociedad conservadora que estaba encantada con una presidenta socialista ha votado por tener un presidente al estilo de Berlusconi; poderoso en lo económico y en lo mediático, y que no duda en absoluto en utilizar esos medios para su beneficio personal. Y que no tardará mucho en pedir un endurecimiento de leyes contra la inmigración. En España ya hemos vivido eso, y lo seguimos viviendo.

Quizás este sea el presidente que corresponda a este momento histórico en Chile, pero sería deseable que dudara lo justo y no cause un daño irreparable.

Miedos y engaños

Ahora resulta que sí es posible que la OMS se extralimitara y alarmara a la población sin necesidad, y sobretodo, que exagerara el peligro para forzar a los gobiernos a comprar vacunas en cantidades exageradas. ¿Quien se beneficia, o mejor, quien se ha beneficiado ya de todo este asunto? ¿Quien ha hecho la venta del siglo, la primera por que seguro que vendrán más? Las multinacionales farmacéuticas, los grandes imperios del negocio de la salud. ¿Se podrá negar aún que esto sea tan conspiración como la de una banda armada que pensaba asesinar a un presidente de gobierno?

Sin que sirva de precedente, porque he dejado de leer El País y me he pasado a Público, aquí va el enlace a la voz de Prisa

Coincidencias de ediciones

En estos últimos tiempos ha habido una coincidencia de publicaciones sobre el tema de la Historia, de lo escrito por Péguy. Clio y Verónica son textos de suma importancia, que además de conectar el pensamiento de nuestro autor con su maestro Bergson, le conectan con el Personalismo Comunitario de forma directa; el acontecimiento.

Hablamos de la edición de «Clío, diálogo entre la historia y el alma pagana» por la editorial argentina Cactus en septiembre de 2009, y «Verónica, diálogo de la historia y el alma carnal» por Ediciones Nuevo Inicio de Granada, justo un año antes.

Desgraciadamente la edición de Clío no cuenta con una introducción que pueda orientar al lector en el intrincado mundo de la visión de la «durée» en Péguy como acontecimiento, teniendo una «componenda» o breve texto introductorio común a los libros de esta editorial. De todas maneras aclaran bastante cual es el motivo por el que se edita el libro; han descubierto al autor a través de Deleuze, y han querido profundizar en él, lo cual es de agradecer, pues introducen un texto de mucho interés que es complementario al editado por Nuevo Inicio.

Verónica es compañera inseparable e insoslayable de Clío, dos visiones de un mismo acontecimiento, que en Péguy se complementan, se aumentan, son muestra de la constante tensión de la persona al hacerse tal. La Verónica contine una introducción más larga de Sebastián Montiel, también traductor de la obra, que nos marca claramente también, los motivos para editar este libro.

Lo que me interesa reseñar hoy es la existencia de ambos en castellano, asequibles en precio y con ediciones de calidad. Para más adelante queda revisar las traducciones; quiero ver que carga ideológica hay tras cada una de ellas. Todos somos «traditori» a la hora de traducir, como dice el refrán italiano. Os recomiendo su lectura.

Una revolución necesaria

Pues como os decía el año pasado, nuestro mundo precisa una revolución. Las revoluciones siempre son necesarias, y las ha habido de todo tipo, pero nunca hemos alcanzado el punto en el no las necesitemos más, no sé si afortunada o desgraciadamente.

Creo que sería malo alcanzar un punto en nuestro desarrollo como comunidad de personas que no necesitara de cambios y transformaciones. Nos estancaríamos y perderíamos uno de los tesoros más preciados y por ello más complejos; la esperanza. Pero a su vez es tanta la ausencia de bien que precisamos de cambios radicales (desde la raíz) en nuestro modo de funcionar como sociedad. Cada día más nos asemejamos a un organismo simbiótico, donde la suma de las individualidades viene a dar una especie de funcionamiento estable y perdurable, al menos en apariencia. Pero tenemos la extraña peculiaridad de vivir en comunidad, y de necesitarnos unas a otros, no para funcionar de forma sostenida, pero sí para ser felices. Esa extraña manía que tenemos las personas, objetivo central de las vidas de todos; alcanzar una anhelada felicidad.

Mantenemos la fe en que esa felicidad es posible, y nos devanamos los sesos para encontrar los caminos que nos conduzcan a ella. Pero esos caminos hoy por hoy están falseados; hemos construido o permitido construir un mundo artificioso, que pretende darnos una rápida pero efímera felicidad, mediante miles de artimañas. La comodidad, la seguridad y la estabilidad son tres hermanas prodigiosamente malvadas para nuestro objetivo fundamental. Nos hemos apoltronado, dejamos que nos faciliten el camino, cuando esos caminos siempre fueron difíciles, e incluso peligrosos. Pero para eso tenemos a quien nos ofrezca una buena batería de seguridades que nos mantengan en el «buen camino».

Religiones, y con ello no me refiero a las creencias religiosas, sino a las estructuras de poder que surgen de ellas; Políticas, encargadas siempre de reducir nuestras mejores espectativas a vanos empeños. Estructuras que han venido a entorpecer las posibles rutas hacia la felicidad, colapsándolas de oportunidades para el reblandecimiento de nuestros cuerpos y seseras. Bancos, Corporaciones, Estados, Ejércitos, han socavado todas las opciones reales para ser felices, componiendo una amansadora melodía de supervivencia.

Ahora, estamos a punto de quebrar la estabilidad del planeta donde vivimos, a costa de esos falso caminos trazados a base de consumo desmesurado y su equivalente expolio natural. Y además, nos acercamos a cotas jamás vistas de destrucción de vidas humanas por guerras, hambrunas y enfermedas, que podrían ser eliminadas, si la caridad se apoderara de nuestras almas.

Así pues, hablamos de las virtudes que siempre nos han puesto en el camino de un ser superior, y que siguen siendo sojuzgadas para mantenernos bien quietitos, en lo calentito de nuestros cubículos. «La revolución será moral o no será» dijo Charles Péguy, a lo que Emmanuel Mounier añadió cuatro décadas después, «La revolución será personal o no será». Una transformación radical de las personas por dentro; de cada uno de nosotros. Es esa revolución que no admite la queja de que otros empiecen antes, que yo les sigo; nadie puede seguirnos en esa ruta. O hacemos el camino o aceptamos la limitación actual, que nos arrastra pendiente abajo. Una revolución que debe ser estructural como consecuencia de esa transformación moral y personal. Es una revolución sin partidos y sin ejércitos, una transformación radical, desde la raíz, desde abajo, y que no deja lugar a dudas.

Y hacer la revolución interior precisa que nos hagamos niños y niñas por un lado, y por otro que arriesguemos lo que tenemos. ¿Por qué? Por que creemos que es lo que tenemos que hacer. Ser conscientes de nuestra pequeñez, pero también de nuestro enorme poder, que convertido en potencia transformadora, es el mejor elixir para la felicidad. Creer en y amar a los demás, y en ellas y ellos lo que pudiera haber de extraordinario e incluso de desconocido, movidos por la firme y a la vez frágil convicción de que se puede hacer; acabar con la inevitable predominancia de la violencia, con la voracidad de los bancos y multinacionales, con la tutela de los estados.

No encuentro mejor deseo para todas y todos este comienzo de año y decenio. Revolución.

Reflexiones por un año en crisis

Se nos va el 2009 y entramos en la segunda decena del siglo XXI, inmersos en una de las crisis más graves de nuestra era; una crisis sistémica que recorre todas las estructuras creadas durante este tiempo, sobretodo a las financieras.

Porque si hay una clave evidente es que el sistema financiero capitalista de la especulación ha sido el verdadero culpable de esta crisis. Que luego hay variaciones zonales, donde la apuesta por las nuevas tecnologías, las energías alternativas, el «ladrillo» o cualquier otra ocurrencia maravillosa para la apuesta ganadora, eso es innegable. Pero eso es parte también del sistema financiero.

Que las grandes corporaciones hayan amasado sus fortunas a través de la especulación y no por el objeto de sus iniciativas es algo que se sale de cualquier análisis que se pudiera hacer previo a la caida del muro de Berlín. Durante mucho tiempo las cosas estaban claras, ya que la inestabilidad de resolvía con una guerra, caliente o fría, con un cambio de gobierno orquestado desde un despacho, oval o rectangular, pero las cosas habían sido así durante más de siglo y medio. Pero cayó el muro, y se desató la furia por absorber todo posible resquicio de ganancia, a toda costa, y con porcentajes inimaginables 10 años atrás.

Así las cosas, hemos acabado en una situación crítica económicamente, donde el desempleo se ceba con los de siempre, y la reducción de beneficios amenaza con transformar todas las estructuras del poder económico. Este año será recordado como el de Obama y la crisis, pero también por el fracaso de la cumbre de Copenhage. Un presidente negro no garantiza nada, es una posibilidad, una esperanza, una muestra de que las cosas pueden cambiar. Pero ya hubo un secretario de estado y general negro, y no fue nada esperanzador verle mentir sobre la guerra. Pero como no han resultado diferentes Indira Gandhi, Margareth Thatcher o Michelle Bachellet, de sus coetaneos por el hecho de ser mujeres.

Nos hemos empeñado en demostrar que la igualdad (de sexos, géneros, colores, religiones,…) es posible, y lo hemos rebajado a igualitarismo barato. Las situaciones difíciles las resuelven las personas, sean del orígen étnico, sexo, inclinación sexual que sean. Son hitos en el camino, pero no la solución. Hoy nos comentaba nuestro amigo Carlos, que se habían reunido ayer los «viejos inumisos» a comer. Gente que hace 20 años se enfrentaba a la policía en manifestaciones, al ejército en juicios, al mundo por su rebeldía por no acatar el que te obligarán a un servicio social por no querer un servicio militar. En realidad, no querían ejercitos. Pero si su lucha tuvo éxito al conseguir que desapareciera la «mili», fracasó, porque se les colaron las mujeres en el ejército; mujeres deseosas de demostrar que valían tanto o más que los hombres. Hoy ya hay una mujer teniente coronel(a).

La crisis es sólo una cara de la poliédrica forma de nuestro sistema, que intenta sobrevivir y medrar a toda costa; principalmente a la nuestra. Por eso, sigue siendo un buen momento para la crítica al sistema; para seguir recordando que existe la alternativa del decrecimiento, que podemos acabar con los ejércitos, que todas somos personas, y que nuestro planeta, el único que tenemos, necesita de nuestra ayuda para sobrevivir. Sigue siendo un buen momento para la revolución. El año que viene os hablo de ella.  

El pórtico al misterio de la segunda virtud en un blog

Ayer se publicó en el blog Mis hijos, mi oro de Carmen Ibarlucea los primeros versos de este magnífico libro de Charles Péguy. No es muy habitual que aparezcan este tipo de textos en los blogs, asi que creo interesante mencionarlo.

Además estoy prestándole ayuda a una muchacha que cursa 2º de Bachillerato en Madrid, y que tiene que hacer un trabajo sobre el mismo libro.

Y todo ello coincide con la preparación de una comunicación para el Congreso del 2010 de la Asociación Española de Personalismo, en la que trataré algo muy relacionado con este libro también, y es la relación con Dios y la Religión de su autor.

Lotería: un impuesto placentero

No me cabe duda; el común es bastante incoherente. Las colas de primeros de mes en Callao, en Madrid, que en un principio pensé que eran para el cine, y que resultaron ser para cierta administración de loterías que parece repartir mucho dinero todos los años, me hicieron ver cuan extraños somos. Era una cola variopinta en edades y orígenes; emigrantes y locales, parejas, personas mayores, jóvenes… todos parecían resistir el frio sin problema a cambio de la espera, que me resisto a calificar de esperanza, puesta en un suculento anticipo de impuestos, que con seguridad, todos ignoraban hacer en aquel acto.

Es la misma rutina de cada año; derroche de luz, derroche de compras, derroche de comidas de empresa, para al fin derrochar en lotería, y todo como tránsito a la Navidad. Es la moderna novena del niño, el nuevo adviento, sustituyendo la luz del espíritu por la luz de neón o de led. Y todo para llegar al día 22 con posibilidades para ser rico, en realidad para cumplir con nuestras ambiciones y con el resto desbordar al mundo; pero primero nuestras ambiciones.

Si estuviera en mi mano borraría la lotería, pero especialmente la de Navidad y la del Niño. En general, porque engañar para cobrar impuestos necesarios es una necedad y una estafa. Y en particular, porque la natividad de la Esperanza es algo tan hermoso, que resulta soez embadurnarlo con el grito monocorde y estridente de unas pobres criaturas que no parecen crecer con el paso de los años, para apedrearnos con su cantinela durante toda una mañana, y que traen una cortina de humo para insensatos, que realmente sirve para hacer las carreteras por las que nos trasladamos, o pagar las luces que derrochamos en estas mismas fechas, o para el sueldo de los médicos que nos atienden, o para la cooperación internacional que generamos, o para los convites de la Casa Real.

Todo eso que nos negaríamos a pagar, de decirnos que es para lo que es. Mundo de engaños, mundo destruido que nos negamos a reconstruir, ese es en el que nos movemos. Inconscientes, sin querer saber quien nos gobierna de verdad, quien decide nuestras idas y venidas; nos movemos por ese mundo que nos reclama las deudas y no nos paga por lo que hacemos.

Pero a pesar de todo, algunos y algunas volveremos a creer en la magia esta Navidad, y tendremos Caridad, atisbaremos la Fe, y nos sorprenderemos de lo difícil y necesario que es alcanzar la Esperanza. Y termino con una fórmula que siempre me trajo esta sensación que describo;  más temprano que tarde,….