¿Porqué desde el escaque?

Desde el escaque, desde ese lugar que, plano en el espacio, es una sesentaycuatroava parte de la superficie que tiene el jugador de ajedrez para desarrollar su necesidad vital de movimiento. Desde ese cuadro de binaria necesidad quiero exponer aquellos pensamientos que voy desgranando en cada movimiento de mi vida.

Cada acontecimiento que se transforma en tal, cada acción que considero que debe ser dialogada, debatida, mostrada, esculpida, verbalizada, cada combinación de movimientos entre dos escaques que refleja una postura vital, una forma de entender el mundo que habitamos, que hacemos, que construimos al cruzar el tablero por la diagonal o al avanzar uno de nuestros peones.

Estas son las razones que me mueven a escribir en este cuaderno. Y lo hago desde el lugar que ocupo en cada momento, precisamente al posicionarme, al volverme sujeto de esos acontecimientos.

Aquellos que me conocen, saben que el ajedrez me ha perseguido (o yo a él) a lo largo de toda mi vida. Pero ha sido hace relativamente poco que he podido comprender que su importancia supera la de un medio para competir con otros. La idea misma de juego como representación, como puesta en escena de algo que no es exactamente lo que se lleva a cabo, me llevó a buscar más sobre su historia, sobre sus principios, y tal como aparece en la imagen de cabecera de este blog, el ajedrez es la escenificación de un diálogo de dos que pretenden saber más uno de otro, que buscan conocerse.

Está claro que puede usarse para distraerse, para buscar la autorrealización en una competición, o simplemente para llevar a cabo una serie de movimientos mecánicos, matemáticamente previstos, lógicamente coherentes. Pero también puede jugarse para comprender, para entender la manera de ver el mundo de la persona que tenemos enfrente.

Lo que busco es poner en práctica todo esto, lanzar envites a quienes me lean y quieran dialogar sobre lo expuesto, sobre lo que acontece en el mundo que conformamos.

Fiesta Nacional

Hoy es un día de fiesta en muchos países, pero en el Estado español es un día especial, sobretodo en los últimos tiempos. Recuerdo que en mi infancia, este era el día de la Hispanidad, y que servía para recordar lo que nos unía a los hispanoparlantes. Pero ahora tiene un significado propio en el espacio peninsular que ocupamos.

La eterna tensión entre las imágenes que se han creado de España en los inconscientes colectivos a lo largo del tiempo, siguen presentes, siguen latiendo con fuerza en los debates, en las opiniones y en las celebraciones como la de hoy.

En todo el continente americano, y en países europeos como Francia, Portugal, y otros del este, las «fiestas patrias» tienen un significado muy especial, normalmente unificador, a pesar de las diferencias que se tengan en otros ámbitos, y se comparten símbolos. Pero en este estado plural nuestro no existe tal posibilidad, por más que se empeñen unos y otros en darles un sentido positivo, generalizador, o del tipo que sea. La memoria histórica, tantas veces débil y escuálida, funciona de manera perfecta en esta ocasión.Hemos acostumbrado hacer un uso sectario de los símbolos, y lo hemos pagado con una eterna insatisfacción colectiva a la hora de usarlos. Por eso unos toman una bandera contra otra, o escuchan con fervor un himno y con desprecio otro; por eso nos arrancamos los símbolos de las pecheras y de las esquinas. Representamos una y otra vez el cuadro de Goya.

Pero tengo mis razones para inclinarme claramente por una de las opciones más que por otra. Estoy convencido de la pluralidad del Estado español, y de que la única forma posible es la misma por la que apostamos en Europa; la Federación. Un estado federado, donde las diferentes identidades, nacionalidades o formas de sentirse español (como queramos llamarlo), puedan tener un espacio de expresión particular, que a su vez de cancha a la expresión de lo común. Y ese estado federado sólo puede ser republicano y laico.

Entiéndase laico como el de un estado independiente de cualquier creencia religiosa, no laicista, o sea enfrentado a todo tipo de creencia religiosa. Entiéndase republicano como el de un estado que se organiza en función de las personas, y por tanto en el equilibrio de la expresión de su individualidad y de su faceta pública, en libertad (por tanto, responsablemente) y solidaridad (por tanto, amorosamente).

En cuanto a los símbolos. Creo que tienen su importancia en tanto que muestra de una idea común. Hoy por hoy eso es difícil. Yo sigo inclinado por la tricolor y el himno de Riego como símbolos del estado, pero comprendo que puede llegar el momento en que se haga necesaria la aparición de terceras opciones que deslinden el dolor, el padecimiento y la turbación que han representado las dos opciones existentes hoy.

Sirva pues esta entrada como inicio de las reflexiones que quiero hacer sobre la realidad que me ha tocado vivir, a la luz de los acontecimientos de mi mundo, poniendo algo más de luz, algo más de posibilidad de dialogar, algo más de cada una de nosotras como personas que somos.