Cero Pobreza

Hace algo más de un año realicé varios posts con relación a los Objetivos del Milenio (ODM) revisandolos uno a uno (o esa era mi intención inicial) a través del informe de la ONU. Pero como todo post esperaba generar algo de debate, ya que mi postura era muy crítica con dicho informe y con algunas posturas de las que tomamos desde las ONGDS. Pero aunque las visitas eran muchas, los comentarios eran escasos, y desde luego nada desde el ámbito asociativo. Ante lo cual decidí abandonar a mitad de camino.

Eso me ha dejado un mal sabor de boca durante este año que se ha acrecentado con las fechas en que estamos, próximos al 17 de octubre. Unido a un desánimo en todo lo referente a la Cooperación al Desarrollo, he de reconocer mi incomprensión al nulo debate que existe hoy por hoy sobre este tema. Nos centramos en acciones puntuales, que son necesarias, pero sin el más mínimo atisbo de posicionamiento crítico por parte de quienes deberían ser los más interesados en llevarlo a cabo; las ONGD y sus redes asociativas. Campañas que año a año reclaman la condonación de la deuda, la petición del 0,7%, la justicia de las relaciones comerciales y laborales, se multiplican, pero no dejan de ser peticiones a las que nadie pone fundamento previo. Quiero decir con esto, que no existen campañas en las que abunde la explicación y se aplique la justa demanda; exigimos sin cesar, sin generar un debate serio.

Son exiguas las voces que desde la prensa realizan un trabajo serio sobre el tema, aunque hay honrosas excepciones como la de Vicente Romero, en donde se diga con nombres y apellidos quien hace qué y cómo. Por ejemplo, el último documento que contiene «20 medidas para que España enfrente la pobreza». Es un compendio de posibles acciones que un estado podría llevar a cabo si no fuera porque o no son de su interés o no están a su alcance porque la responsabilidad está más arriba o fuera de su alcance. Por ejemplo, a su alcance está modificar los criterios de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), pero a ningún estado le interesa cambiarla en profundidad porque busca priorizar su propio desarrollo antes que el de los demás, y en consecuencia no le interesa hacerlo. Otro ejemplo; modificar las relaciones comerciales es algo que un estado no puede hacer por su cuenta tal como está organizado el comercio internacional.

En consecuencia habría que empezar por decir algo que a nadie le gusta oir; vives por encima de tus posibilidades, consumes sin criterio, derrochas cuanto tocas, y mientras otros sufren las consecuencias. Mejorar las relaciones laborales en Honduras significa reducir las nuestras, porque los estados no van a hacer nada por cambiarlas, y las corporaciones económicas menos.

Medidas más concretas, y que no le exigen nada a nadie que no sea a nosotros mismos se pueden encontrar en el Manifiesto del Día Internacional de la Pobreza las organizaciones implicadas en Euskadi.

En todo caso, mi pesimismo de hoy no significa que no desee y crea que es posible, el fin de la pobreza en este mundo nuestro, pero desde luego no vamos por buen camino.

Nación, Paz y Europa en Villeroy

En una entrada anterior he hablado del blog de Jerome Grondeux. Ahora os incluyo la traducción de la última entrada que ha hecho y que habla de Péguy, Europa y otras cosas interesantes. El enlace a dicha entrada en francés es este.1241099570_c743515690

Charles Péguy cayó el 5 de septiembre de 1914, en Villeroy. Cada año se organiza allí una ceremonia en su memoria. Nunca había asistido; como siempre que uno se deja llevar por la cotidianidad y la rutina, las cosas terminan no saliendo como uno espera, sumergido en un juego de contrastes, y nunca se sale indemne de estas situaciones.

Enlace de autopistas, travesía de villas y pueblos que están el domingo por la mañana desperezándose apaciblemente, lejos de las tormentosas urbes. Villeroy, en el distrito de Meaux, cuenta con un poco menos de 700 habitantes. La misa, a la cual asisten representantes de la Souvenir français, es celebrada por un ferviente y cultivado péguysta, el padre Bruno Beltramelli. Protestante cada vez más heterodoxo, peregrino de iglesias vacías, hombre de « un pie dentro, un pie fuera », me debato de buena gana en estas circunstancias, entre empatía y distancia crítica. Un altar, dos banderas francesas a cada lado: el historiador escéptico es atrapado, resumergido en este cara a cara, en la superposición de estas dos dimensiones, la afirmación nacional y el enraizamiento en la fe tradicional, que a mi entender nunca se comprendieron verdaderamente. Apasionado de Europa y de la filosofía religiosa, me sorprendo de estar allí; pero tal vez hay que aprender a probar estos asombros, en una sociedad donde el anticonformismo sirve tan a menudo para quedarse en su sitio.

Después de todo, si pensar honestamente es intentar asumir las contradicciones, entonces no hay que temer el hacerlas vibrar.

Las contradicciones de Péguy están muy presentes también, del Péguy héroe póstumo de una misa, él, que era « católico del siglo XV », no es recordado en la práctica. Pero la memoria de Péguy está allí donde se la acoge, y el padre Beltramelli no se priva de poner en valor el aspecto inclasificable de gran hombre …

Me sumerjo un tiempo en una comodidad meditabunda, hasta el momento en que las palabras de uno de los cánticos atraen mi atención. « ¡Vean! Los pobres son bienaventurados: ¡son los primeros en el Reino! – ¡hasta aquí, me atrevo a decir, frase nada revolucionaria, pero esto es la continuación que me asombró – Vean! ¡Los artesanos de paz / demuelen sus fronteras! ». La asamblea canta, ambas banderas siempre flanqueando el altar …

Pienso en el olvido de la nación que observé no sólo en el catolicismo contemporáneo, sino también en el protestantismo. Incluso aquí, y a espaldas de todos los organizadores, él se manifiesta. Como si las Iglesias se hubieran interesado por las naciones mientras podían pensar en ser instrumentos de una teocracia imposible, con la que el clero soñara mucho tiempo sin confesárselo.

No, Péguy no quería seguramente un « demoledor de su frontera ». La fraternidad universal, para él como para muchos los que se le parecían, no pasaba seguramente por esta glorificación sorprendente de las quintas columnas.

En Villeroy, la nación está por todas partes. El pueblo tiene un museo, que conmemora esta batalla, que han restaurado el año pasado. Las tumbas de Péguy y sus hombres están al borde de un camino, en pleno campo. Un poco más lejos, un monumento con un paisaje de ramos de flores. La gente de la Souvenir français está siempre allí, tal vez cantando la Marsellesa. El alcalde de Villeroy está presente, representando otro mundo: el de esta gente que tiene tiempo para recoger problemas y preocupaciones, esta gente que a menudo es antídoto útil para el desprecio de burgueses ociosos que agobia a su « clase política ». Son gentes a las que les gustan los pueblecitos. ¿Acaso estamos fuera del tiempo, como si nada hubiera cambiado desde la postguerra?

Los habitantes no están endomingados y no parecen especialmente animados por el odio hacia Alemania; son más bien europeos de principios del siglo XXI. Una mujer es la descendiente de otro de los muertos de Villeroy.

A los europeos de hoy, generalmente, y con razón, la Primera guerra mundial parece absurda. ¿Estaríamos celebrando piadosamente el suicidio de Europa?

Entre los asistentes, se encuentra un gran historiador, Jean-Jacques Becker, que comenzó una reescritura de la Primera guerra mundial, buscando cómo los franceses le habían vivido y sobre todo cómo la habían dado sentido.

Los muertos de Villeroy no debían hacerse muchas preguntas. Ellos no eran los desarrapados de 1917, obligados a ofensivas que sabían inútiles, en el curso de una guerra que parecía interminable y amenazaba con escindir el frente de la retaguardia. Los muertos de Villeroy, en 1914, se enganchaban al terreno, no en un paisaje lunar, pero en medio de campos y bosques que podían parecerles familiares, como me lo parecen curiosamente en este 5 de septiembre de 2009. Ellos luchaban contra una invasión, defendían la existencia de su país tal como lo habían conocido. No había previsto tomar el uso de la palabra sino me lo pedían, pero lo hicieron. Pude decir unas palabras junto al monumento, para incitar a favorecer una de las innumerables iniciativas de Péguy, y tal vez la más peligrosa: tratar de pensar en nuevos esfuerzos por la nación republicana. Curiosa impresión la de hablar de esto en marco tan ceremonioso, delante de estas sesenta personas, trás las cuales se extienden los campos. Nos dejamos de buena gana llevar por la ilusión de una continuidad …

Pensar en la nación con renovadas fuerzas. Las Iglesias no nos ayudarán en ello, no más que los humanitarios. Incluso, no creo que el soberanismo sea capaz de eso, que no consigue impedir que cristalicen alrededor de la idea nacional todos los fracasos del mundo. Así como para la ecología, pero en otro sentido, la izquierda podría tener su oportunidad, aunque la derecha parezca mejor colocada para esto, si no se distinguiera por su oportunismo. El centro podría buscar el gérmen de una síntesis, aunque su origen doble, demócrata-cristiano y liberal no le ayude a ello. ¿Tal vez hay que contar más bien con francos-tiradores?

El sol dora los campos, un viento ligero se levanta …

Abrir más las fronteras sin eliminarlas, conciliar la pertenencia nacional, que no parece en vías de extinción, con pertenencias más anchas, buscar en un diálogo incesante con otros, cuales son nuestros verdaderos triunfos y en qué sectores podemos mejorar y aprender de experiencias extranjeras, tal vez finalmente no dejarles a la nación a los nacionalistas del repliegue mortífero, Esto queda como un bello desafío. La construcción de la paz, como la de Europa, siempre hay que recuperarla, y necesita, sin ninguna duda, de artesanos. Son muchos los que saben pasar y y volver por las fronteras, con las manos cargadas de obsequios, sin demolerlas.

Artículos y audios sobre Péguy

Como en otras ocasiones quiero informarles a los interesados en Charles Péguy de algunos textos, entrevistas y artículos que van apareciendo en relación a nuestro autor y que pueden interesar por diferentes razones, aunque todas están en francés y quizás eso limite un poco el acceso. En todo caso, si alguien estuviera interesado en alguno de ellos podemos ver de traducirlo.

mondecommunEn primer lugar hay un extenso artículo canadiense publicado en la web Monde Commun que pertenece al CIRCEM, un centro de investigaciones sobre ciudadanía y minorías de la Universidad de Ottawa. Se trata de una reflexión sobre el tema de la República, la política y su mística en Péguy aplicadas a la cuestión del Quebec escrita por Gilles Labelle y que cuenta además con un audio. El enlace para el texto en la web es este, y tienes tres partes, aunque desde esa página puede descargarse un pdf e incluso el audio aparte.

Por otro lado hay un audio con algunas imágenes, perteneciente a una emisión dedicada a Charles Péguy el 19 de julio de 2008 en Radio Courtoisie y cuyo enlace es este.

Espero que los disfruten

Carta abierta en respuesta al Sr. Zapatero en el Día del Maestro

Estimado Sr. Zapatero:

No soy maestro de los que trabajan desde la función pública o como profesorado contratado en la concertada, si no un padre que ha educado a sus hijos en casa desde los 9 y 10 años, así como monitor de talleres de educación para el desarrollo en centros de toda índole y con niñas y niños de todas las edades. Pero me considero maestro.

¿Por qué? Pues porque el ser maestro no es una cuestión que definan el lugar de trabajo, la edad de a quienes acompañas o el tiempo que llevas ejerciendo, sino una cuestión que hoy está muy en boga, aunque por razones terriblemente equivocadas; la autoridad. Una autoridad que proviene de quienes me escuchan, que me es otorgada para recibir; en palabras de mi maestro Péguy, es una autoridad de competencia, no una autoridad por mandato. El estrado, la ley, el poder, son siempre (siempre Sr. Zapatero) una autoridad que se ejerce sobre otros; la discencia, la educación se ejerce para otros, que además aceptan esa autoría que es creadora.

Y por todo ello me he sentido en la necesidad de contestar a sus palabras, dirigidas a quienes el estado garantiza que “son maestros” como si fuera algo que pudiera provenir de un decreto, un examen o una sanción. Y no dudo en absoluto que hay maestros entre quienes han sido aceptados para serlo; son aquellos que día a día apuestan por sus alumnas y alumnos, que no desfallecen, que constantemente buscan la fórmula para acercarse a su realidad, aunque siempre desde las suyas, por lejanas que sean. Pero en estos días sobreabundan quienes ejercen desde la posición del que busca un empleo seguro y con garantías, al que siempre molestarán sus “usuarios”, sean estos alumnos, personas en una ventanilla o enfermos en una consulta u hospital.

El mundo necesita un cambio de rumbo, y Ud. mejor que muchos lo sabe, y es de los que apuestan por ello, como me lo demuestra su propuesta de Alianza de Civilizaciones que comparto plenamente. Pero en educación eso implica algo más que un Pacto, implica un giro copernicano, una revolución del sistema educativo que como cualquier otra debe comenzar por educar de manera distinta a los futuros maestros y adoptar en la base del sistema la flexibilidad y accesibilidad que aportan las TIC, y no al contrario. Por que con las dos últimas leyes educativas se ha intentado generar un sistema para el que no había quien lo gestionara y quien lo llevara a cabo, sino que había mucha gente queriendo hundirlo y otra mucha que no sabía qué hacer. Y para colmo, se ha creído que incluir las TIC era poner muchos ordenadores por aula, lo que ha resultado un desastre mayúsculo.

Es cierto que la escuela ha sido una manera de acercar el conocimiento a todo el mundo, pero también es cierto que se deben abrir nuevas vías, nuevas posibilidades educativas, que incorporen a toda la comunidad educativa y no sólo a maestros, decretados como tales, y a sus alumnos y alumnas. Las familias deben estar en el proceso educativo y no se pueden hacer departamentos estancos en este tema en un momento en el que la globalización llega a todos los niveles. Las familias son fundamentales, imprescindibles, al igual que el resto de la sociedad.

Espero que tanto Ud. como el resto de personas con responsabilidad política en el mundo (España ya es algo muy reducido en este tema) busquen realmente la revolución en la educación. Maestros debemos ser todas y todos. Así que, para variar, este día mundial, es un día para todas.

La visión conservadora de Péguy. La gran traición.

Nada más acabar la Gran Guerra, con la vuelta a la normalidad en las vidas de la vieja Europa, Francia se dispone a elevar a los altares a sus mártires, que son muchos. Pero de entre ellos elige a unos cuantos para elevarles ofrendas y pasiones, como catarsis por el sufrimiento pasado, las muertes acontecidas. Y entre esas figuras que se ensalzan por su patriotismo, y habitualmente por su catolicismo se elige a Péguy, debido sobretodo a textos como el que aquí nos trae y del cual ofrecemos en pdf el libro escaneado dentro del proyecto de Google Books.

El «Charles Péguy et les Cahiers de la Quinzaine» de Daniel HalévyHalevy_Degas, colaborador habitual de los Cahiers, es el culpable de esta visión conservadora, católica y patriótica que podemos calificar con calma de traidora, de este escritor, editor y filósofo francés. A parte de una revisión biográfica, se hace una revisión de algunas de sus obras. Como ejemplo de lo que acabo de decir, basta referirse al capítulo titulado «Cristianismo y Revolución», donde se analiza esta relación (cierta y evidente en el autor a lo largo de toda su obra) a través de uno de los textos menos significativos al respeto, como es «El pórtico al misterio de la segunda virtud». En dicho capítulo, el autor llega a calificar a la obra como «popular», uno de los adjetivos menos apreciados por Péguy, además de calificar como «antiguas» (un par de páginas antes) sus ideas revolucionarias.

Espero que sea de su interés.

Por la razón o la fuerza; aut consiliis aut ense

Acaba de abrirse un debate en las más altas instancias del estado en Chile sobre el lema que figura en el escudo, desde los primeros días de la república, en el tiempo que se llamó Patria Vieja. Es cierto que entonces figuraba en latín, “aut consiliis aut ense”, que podríamos traducir de diferentes maneras, y que sólo desde 1920 es oficial su presencia en el escudo y la bandera presidencial.

Lo importante es que que para los chilenos es parte de lo que han asumido como enseña nacional, y por lo tanto ha adquirido una importancia más allá de su significado. Y ese es uno de los factores a tomar en cuenta en una discusión que el senador Nelson Ávila mantiene viva desde 2004, lo que añadido a estas fechas del Bicentenario dan una relevancia al debate que afecta al símbolo y al significado. Por ello sería necesario profundizar aunque sea brevemente en este tema.

Recuerdo que mi primera sensación, cuando siendo niño tomé conciencia de la presencia del escudo, fue de una frase tan lapidaria y potente que hacía sentir la fuerza de quienes allí la habían colocado, pero no me planteé sus implicaciones hasta que fui adolescente. Esa época cayó en mis manos el Adiós al séptimo de línea, de Jorge Inostrosa. Con el ánimo nacionalista prendido en aquel adolescente, la frase tomó una fuerza inusitada, que indudablemente se centraba en la segunda parte de la disyuntiva. La justificación de la fuerza, del empleo de la violencia en la defensa de lo que es de uno, o de algunos, frente a los deseos de otros. Y esa razón subsidiaria que viene a ser justificadora de lo que hace la fuerza, era suficiente para pensar en revoluciones violentas contra la violencia, y más contra las dictaduras.

Pero la primera juventud, y la asimilación de que la razón era algo mucho más importante que la fuerza, y que ésta no debía usarse, vino a poner en duda por primera vez el significado de aquella frase que por un lado se mantenía como símbolo, pero cuyo significado la hacía cada vez más cuestionable, huella de un pasado violento e impositivo. Fue bastante después, ya con algunos conocimientos de latín (aunque nunca suficientes), que comencé a cuestionarme la pertinencia del símbolo. ¿Qué razón? ¿Cómo seguir manteniendo la fuerza como opción?.

Se trata de una frase adversativa, o sea que estamos ante una opción. Estamos queriendo indicar una opción. Son dos vías de acción que vienen indicadas por el modo de la misma. Si además añadimos la cuestión del significado de ambas palabras las opciones de sentido se amplían; consejo, sentido común, razón, por una parte, y espada, fuerza, autoridad por la otra. Por tanto la razón argumentada es una razón de buen consejo o sentido, de sentido común, no una razón lógica (ratio), más dialógica, y la fuerza es la de la autoridad, la de la espada de la justicia, no la espada (glaudius) de la guerra.

Después de esto ya no se entiende nuestra frase de la misma manera, aunque sigue apelando al uso de la autoridad para apoyar la fuerza, ya no es una apelación a la fuerza de las armas como lo hemos entendido siempre. La cuestión indudable es que si se mantiene el símbolo debe ser porque se actualice su significado, se clarifique y explique a las nuevas generaciones. En caso contrario debería cambiarse para evitar seguir transmitiendo una idea totalitaria, bien sea por la fría razón o por la ruda fuerza. Actualizar no significa renunciar, como piensan algunos, a la herencia, aunque en algunas ocasiones más vale no reclamar algunas.

Blogs interesantes relacionados con Péguy

Me he encontrado un interesante comentario al tema de la esperanza en Péguy. Aporta el texto que proviene del Pórtico a la segunda virtud y una breve reseña biográfica. Gracias Juanfran. El blog se llama El crisol de la cordura

Además, gracias a los nuevos medios me he encontrado con Jerôme Grondeux, presidente de la Amitié Charles Péguy, que tiene un blog muy interesante sobre análisis histórico del pasado más reciente y de nuestro propio presente. Se llama Commentaires Politiques, y está en francés.

Otro libro de Péguy traducido

Efectivamente, como hace ya un tiempo, la Editorial Nuevo Inicioportada veronica ha sacado un nuevo libro de Péguy, Verónica. Se trata de un libro que forma realmente parte de una trilogía con Clio y Eva, abordando el tema de la Historia. En este libro podemos ver la encarnación de la historia y el dolor que ello conlleva. Se trata de un diálogo de la historia con el alma carnal, tal como reza su título, lo cual lo diferencia de Clio precisamente en el adjetivo «carnal». Se trata de una visión diferente de la Historia, como ya hizo con Juana de Arco, sobre la que escribió dos obras diferentes, tomando dos puntos de vista también distintos.

Este tipo de complementariedad de los textos de Péguy es una característica de su forma de afrontar los temas que le interesan. Una y otra vez entra en ellos para ver nuevos aspectos en cada ocasión, generando nuevas versiones. Les recomiendo pues aprovechar esta magnífica ocasión para leer a Péguy en castellano.

Moore, Stone, prensa y capitalismo

Ya llega una nueva entrega de la lucha algunas veces algo personalizada contra el sistema de Michel Moore a través de ese potente arma que es el cine, el cine documental en este caso; Capitalism, a love story. Y con ella llega también South of the border, la última producción de Oliver Stone, que analiza la figura de Hugo Chávez.

Ambas tienen cosas en común, como su confrontación al sistema. Una porque nos pone delante de los ojos algo que no solemos ver, y es el funcionamiento de la maquinaria interna del sistema en el que vivimos, y que nos es tan ajena que vivimos como si no existiera. La otra nos pretende mostrar una imagen diferente de la que se ve en los periódicos, de una de las figuras más controvertidas de los últimos años, un presidente al que unos califican de loco, otros de dictador, y otros de salvador.

La cuestión, no es en este caso defender o atacar a Chavez, o hacer lo propio con el capitalismo, sino como transmite ambas cosas la prensa. Como ya he dicho muchas veces soy un lector obligado a leer El País, ya que no encuentro otro con el que al menos, sentirme mínimamente informado. Pero cada día que voy a su página principal (lo leo en internet el 99% de las veces) tengo que hacer un esfuerzo para no borrarlo de mi navegador y de mi memoria. Su calidad periodística es cada vez peor, con una redacción en las noticias deficiente, cuando no absurda, y un enfoque en las noticias que se acerca peligrosamente a convertirse en la voz de su amo.

Que un excéntrico (para el periódico) como Moore tenga un punto flaco (cosa que parece mentira al verle, no?) es razón suficiente para aprovechar la ocasión y desprestigiar su labor. Una labor que curiosamente va contra los intereses del mismo periódico. Recientemente han aprovechado la oportunidad de acusarle de avaricioso por que las distribuidoras cobran 2.000€ para que dé una entrevista. Conociendo los contratos de distribución, y a las distribuidoras, y escribiendo la frase de esta manera, aún consiguen que la imagen que se transmita es que Moore cobra ese dinero, gracias a titulares bien preparados para generar la idea deseada. De la misma manera que Stone parece ordenar al rey de este país que se calle, cuando en realidad la frase tiene un tono bastante menos irreverente, del que por cierto tuvo la misma frase pronunciada por ese jefe del estado contra otro en un pasado reciente.

¿Una prensa libre? Sí, internet ha dado esa posibilidad, pero al no tener los canales de distribución y propaganda que tienen los gigantes mediáticos, es muchísima la gente que ni siquiera los conoce. Y la información se ha convertido en una herramienta clave del sistema, para dar la información que interesa, como interesa y a quien interesa, para lo cual internet y la tecnología móvil es también un medio ideal.

Nuevamente, y esto lo repite Moore constantemente, el capitalismo se transforma para adaptarse a las nuevas circunstancias. Hace un año veíamos la crisis como una oportunidad para el cambio, pero finalmente es una nueva crisálida que sale a revolotear la que nos encontramos con el reflotar de la crisis. Por eso cuantas más veces se repitan las incongruencias del sistema, sus trampas y dilaciones mejor. Y si lo dice un norteamericano que vive de la industria del cine, con millones de dólares en sus cuentas, al menos habrá que aprovechar que lo dice y resuena, ya que no se equivoca.

1º de septiembre, 70 aniversario



<!– @page { margin: 2cm } P { margin-bottom: 0.21cm } –Sí, parece que sería lo normal saber a qué nos referimos; el 1º de septiembre de 1939 las tropas del III Reich cruzaban las fronteras entre Alemania y Polonia. Podemos recordarlo por las fotos y vídeos de la época, o por las imágenes del Gran Dictador de Chaplin. Hitler/Hinkel daba el carpetazo definitivo a 21 años de tensiones, desprecios, humillaciones, diplomacia vacía, crisis financieras y revoluciones sociales.

El historiador británico Eric Hobsbawm sitúa con gran razón el siglo XX entre 1914 y 1989. Esos años previos a la Gran Guerra son aún parte de la estructura política del XIX, de los repartos coloniales, de la Europa de los grandes imperios. De la misma manera, tras la caída del Muro de Berlín da comienzo el siglo XXI. Por esa razón, esos años previos a la fecha que nos ocupa, son de crucial importancia para comprender el mundo de hoy, un mundo que se convulsionó en esas dos décadas, para convertirse tras el derrumbe de la guerra en un mundo globalizado, primero en bloques, y luego en un único y hegemónico imperio de nuevo cuño.

Aquel verano del 39 se fraguaron los últimos latidos de la predominancia europea, el comienzo de 30 años de guerras cruentas a lo largo del mundo, y la consolidación de un modelo de producción y consumo que nos llevaría a las puertas del siglo XXI. Cuando se levantaron las barreras de la frontera polaca, no solamente entraron las divisiones alemanas; se puso en marcha una forma de entender el mundo y las relaciones internacionales. Los viejos acuerdos que se habían llevado a cabo hasta ese momento, la vieja diplomacia europea dio paso a una forma de entender las relaciones internacionales muy diferente. Postdam y Yalta fueron la nueva fórmula, tal y como la Sociedad de Naciones fue sustituida por la ONU, y aparecieron las organizaciones internacionales que tras el fin de la contienda mundial se pusieron manos a la obra para hacer suyo el mundo que dejaban en sus manos los grandes personajes de la historia.

Ya no importarían más los nombres, las personas, las democracias; muchos de los que murieron en los frentes desde Dunquerque hasta Stalingrado lo hicieron porque creían que con ello acababan con el fascismo, pero en realidad lo hacían para que el viejo mundo que intentaba persistir se derrumbara definitivamente, abriera sus fronteras y permitiera la libre circulación de lo que se decidiera que fuera libre, y se controlara lo que fuera necesario controlar. Además hemos vivido 70 años de recordarnos día tras día el horror del exterminio judío, para ocultarnos los otros exterminios; y no niego en absoluto el horror y los millones sacrificados. Pero ser víctima nunca debió dar patente de corso, y se la dimos, les permitimos hacerse victimarios.

Entre el levantamiento de esas barreras de la frontera polaca y la caída del muro de Berlín creamos cientos de organismos internacionales nada democráticos en su gestión; dos organizaciones militares en absoluto democráticas que han controlado estos 70 años militarmente, y los han plagado de conflictos fríos y calientes; hemos visto caer proyectos políticos democráticos, sustituidos y sostenidos durante años por aquellos que ganaron la guerra contra el fascismo; hemos destrozado el planeta donde vivimos hasta un punto casi sin retorno. Esa es la gerencia de estos 70 años.

En realidad, y profundizando en la idea de Hobsbawm, el siglo XX apenas duró cincuenta años, pero seguro que si hoy pensamos que la Edad Media fue oscura y sangrienta, dentro de un tiempo se contemplará ese medio siglo como el más horrible de nuestra historia. Sangre, hambre y destrucción de cientos de millones (sólo del 39 al 45 murieron 55 millones, así que no exagero),… y quizás me deje un cero.

Conmemorar el 1 de septiembre es necesario. Recordar que sólo estaba empezando nuestro presente. Por eso es imprescindible tener la esperanza de que otro mundo mejor es posible.