Carta abierta al hermano Boff

Querido Leonardo:

He leído en Redes Cristianas tu artículo a raíz de la última encíclica de Benedicto XVI. El título me ha llamado la atención, y como yo había hecho en este blog un comentario al respecto, la lectura de tu texto me llevado a pensar sobre lo que ambos hemos dicho.

Si Benedicto XVI no fuera Karl Ratzinger en el mundo civil, reconozco que esta encíclica me hubiera resultado extraña, pero realmente considero qué es lo que se puede esperar del Papa que hoy se sienta en la silla de Pedro. Es un pensador por encima de todo, siempre alejado de la práctica real. Por eso ha hecho un documento ideológico. Ahora bien, coincido contigo en que a la Iglesia Católica le vendría muy bien un profeta en esa silla, aunque también le harían falta más profetas de los que tiene. Y profetas de verdad; creyentes que vivieran hasta tal punto su fe que no dudaran llegada la hora de exponerse en todos los sentidos ante el mundo, y sobretodo ante la jerarquía que hoy inunda el catolicismo, ahogándolo en un mar de mediocridad y tibieza. Un profeta no escribiría una encíclica, la haría vida y abandonaría la silla para ello en un gesto profético.

Pero lo que hay es esto. Afortunadamente no se mete en análisis que no le corresponden a mi modo de ver, sino en el terreno que tu criticas, el del deber ser. Esta encíclica es una llamada de atención para la Iglesia en su sentido más estricto, a la totalidad de los creyentes, laicos y religiosos, para que hagan una actualización de sus planteamientos en función de la situación actual en lo político, socioeconómico y medioambiental, aplicando y dejando amplicar aquello que parece más coherente con el Nuevo Testamento. Al fin, Aleluya, reduce el tono moralista para volver a un plano más ético, donde se plantean opciones y no dogmas. Los análisis, a la luz de la encíclica tienen que llegar y deberán ser quienes marquen el rumbo de las acciones de todas y todos en la realidad.

Y quizás arrastrado por esta cruda realidad, y esperando muy poco de este Papa, me lancé a escribir un comentario sobre la Caritas in Veritate, casi alabando el que se mencionaran determinadas cuestiones desde la Curia, pues si al menos en lo ideológico se aproximan, tendrán una parte del camino recorrida. Yo me regocijaba de que se volviera a poner en su sitio cuestiones como Caridad y Misericordia, que tan poco uso tienen en el día a día de hoy, y de la que tan necesitados andamos, como ya recordaba Don Quijote. Y si algo me sorprende en tu comentario es que califiques estas como «nociones fideístas recurrentes». Lo primero que hace en su encíclica es precisamente actualizar el concepto de Caridad, excluyendo el más fideísta y asistencialista del «dar lo que sobra», para realzar el sentido de cuidado y amor que se encuentra a la base del cristianismo (y en muchas otras religiones más), y una vez así redefinido, lo utiliza hasta el cansancio. Ya decía Charles Péguy que repetir las cosas no es un acto de pedantería o pesadez, sino de insistencia inacabable para reiterar que eso es lo más importante de lo que uno quiere decir.

Otra cosa es que piense que a este Papa no le hiciera falta una buena dosis de marxismo. Yo diría que le faltan muchas cosas, y una de ellas es la capacidad de análisis histórico y económico que tan bien lleva a cabo el marxismo. Pero también necesitaría una buena dosis de anarquismo, ya que lo que no cuestiona el Papa es conceptos básicos como seguridad y propiedad, que tampoco cuestiona en su base el marxismo, más bien los replantea. En cambio incluye cuestiones que ninguna de las teorías clásicas acepta aún (quizás por clásicas), como son la de la economía solidaria, las bancas alternativas, etc… que al marxismo le resultan «revisionistas» y al liberalismo «infantiles», pero que hoy por hoy son la única alternativa real al sistema liberal.

Habrá quien piense que defiendo al Papa; ¡Dios me libre!. Benedicto XVI representa a la Iglesia de la que no quiero formar parte, pero si veo atisbos de lucidez procuraré que se acrecienten y no ridiculizarlos. Tampoco querría que nadie pensara que pretendo por contra atacarte, cosa también lejos de mi intención. Pero quizás esperaba más de ti que de él, y eso me hace tener una especie de nudo en el estómago, muy incómodo, inquietante. La liberación de los oprimidos se llevará a cabo por los oprimidos y los opresores, o volverá a darse la vuelta la tortilla como tantas veces pasó antes; o parafraseando a Péguy (otra vez) y a Mounier, la revolución será personal o no será.

Fraternalmente.

Concertación, transición y futuro, y II

Como prometía,… ¿Por qué afirmar que la opción de Marco Enríquez-Ominami es la mejor para el Chile de hoy? Reproducir viejas categorías comienza a resultar molesto y fuera de contexto, más que una fidelidad a las ideas de cada uno. La Concertación es un elemento obsoleto en la política después de casi 20 años en el poder; la ideología democrata-cristiana, la social-demócrata o la socialista moderada han dado paso a una línea basada únicamente en la voluntad y el deseo de gobernar. La derecha conservadora no tiene otro objetivo que volver a gobernar y recuperar el poder político, ya que el económico no lo ha perdido nunca. Las otras opciones son podríamos decir, puntuales. Plantean una opción basada en una escasa visión del futuro y una excesiva fijación en el presente o el pasado. Precisamente ahí entra en liza la propuesta de Enríquez-Ominami.

Una clave fundamental en la opción que defiendo es la idea de la superación de las fronteras establecidas en la construcción de las políticas «nacionales» por un lado recordando las reivindicaciones internacionalistas de la izquierda tradicional, pero incorporando las necesidades globalizadas para construir la esperanza. Asociar libertad y justicia en la intersección de lo local y lo global es una actitud que es extraña a las políticas al uso en esta primera decena del siglo XXI, aún excesivamente deudora de las políticas herederas de la caída del muro. Y por ello es renovador, si no revolucionario.

Por lo mismo, aunar la sustentabilidad a lo anterior viene a incluir modelos que ponen de relieve la importancia de los recursos naturales, no en función de la productividad, sino de la interconexión con nuestra calidad de vida en un sentido mucho más amplio. Y si a ello añadimos la adición del sentido solidario a la economía podemos imaginar que la apuesta que se pretende hacer es por un mundo mejor y mucho más que posible, necesario. Obviamente, ello redundaría en la justicia de los procesos económicos en un país que hoy se caracteriza por la intransigencia empresarial y el liberalismo a ultranza ante sus vecinos económicamente invadidos, de los que recibe ingente mano de obra inmigrante, barata, y por tanto explotada.

Otro factor fundamental en la apuesta por el futuro es un concepto de ciudadanía que se aleja de los que se manejan en las corrientes al uso en el marco europeo, siempre tan en la mira de los y las que se dedican a elaborar programas políticos en el continente americano. Es una ciudadanía global, que además recupera los aspectos sociales y económicos, incorporándolos a los derechos humanos, que tanto han centralizado la idea de ciudadanía en los últimos decenios. Y además una ciudadanía participativa, que es culturalmente activa, y que con ello pretende incorporar todas las formas creativas de un país múltiple y joven, que entiende las nuevas relaciones internacionales en un modelo de justicia que incluye el comercio justo y una globalización diferente, donde fortalecer la identidad no pasa por estar por encima de los demás sino en fortalecer las relaciones interculturales porque sabe que son relaciones que nos nutren y no nos separan en viejos modelos nacionales.

Y todo esto además asumiendo modelos de desarrollo diferentes, obviamente sustentables, pero además culturalmente asumibles, y económicamente viables.

Esto parece suficiente para aceptar esta opción, sobretodo por su independencia partidaria. Una presidencia sin partido, para unos ciudadanos cada vez más decepcionados de su clase política, que sea capaz de devolver a la política a los jóvenes.

Otra vez los medios

Sí, soy lector de El País. Es lo único que se puede leer con cierta calidad en la información diaria hoy por hoy en este país, y en internet; a Público le falta aún tiempo y maneras. Pero hay que reconocer que ser lo menos malo no reduce el hecho de ser malo. Pero que muy malo, como la agencia EFE.

Hace un rato ha aparecido la siguiente noticia: «Los hijos de bolivianos ya no serán españoles por nacer en España«. ¿Pero quien escribe este artículo? Además de contradecirse en varias ocasiones, hace afirmaciones que son falsas. En España no se le da la nacionalidad a un niño nacido en territorio español de padre y madre extranjeros desde que la Ley de Extranjería que el gobierno de Felipe González con la mayoría absoluta a sus espaldas, en 1985 obligara a modificar una base del derecho que era el eliminar el ius solis y dejar sólo al ius sanguis regir la obtención inmediata del DNI.

Y si no, que se lo digan a mi ahijada Macarena Paz, que nació en el 12 de Octubre de Madrid, un 10 de agosto de 1998, de madre soltera chilena, y que tras residir en España durante un año, sin la nacionalidad efectiva chilena (hasta no residir en Chile) y sin la nacionalidad española, salió de este país integrada en el pasaporte de su madre, por un resquicio legal que los países latinoamericanos conservan con los nacidos en la «madre patria». Hoy, después de residir 4 años en Extremadura, sigue sin ser española, aunque sí chilena.

La Declaración de los Derechos del Niño, como todas las declaraciones son facilmente soslayables. El niño o niña no es apátrida real ya que tiene el derecho a la nacionalidad de los progenitores por el ius sanguis, de manera que no se puede aplicar la indefensión del niño o niña. Sólo en el caso de países sin relaciones con España, o situaciones de disgregación del país de origen, se puede llegar a obtener la nacionalidad por el ius solis.

Pero en El País, y en la agencia EFE, no saben ya de qué hablan. Y parecen querer resaltar la innovación de la constitución boliviana de forma que lo que resaltan en la supuesta bondad de nuestro sistema. Pues NO. En este caso la bondad es que se elimina la necesidad de la residencia efectiva para los hijos e hijas de bolivianos nacidos en el extranjero para ser bolivianos. La efectividad del ius sanguis de manera automática e inmediata. Claridad en la las leyes es lo que nos falta. Y nos sobran fariseos en la profesión periodística.

Benedicto XVI, economía y amor

Como ya hice público al comenzar este blog, me considero apóstata, pero me niego a pretender hacerlo con papeles. Considero que hacerlo es un síntoma de burocratismo y legalismo inaceptables, o al menos, tan negativo como seguir diciendo que se es católico sin practicar.

Pero hoy me he sentido reconfortado ante la nueva encíclica Caritas in veritate de Benedicto XVI. La Rerum Novarum de León XIII fue un acto revolucionario en la Roma de fines del XIX, todo un acto de rebeldía ante una pétrea iglesia que se negaba a recoger lo social en su seno, y dejaba a los socialistas, anarquistas y comunistas fuera de toda posibilidad en su seno. Casi 80 años después, Pablo VI escribió la Populorum Progresio, que pretendía actualizar la doctrina social inaugurada por la anterior. Ahora, 40 años más tarde, llega algo del siglo XXI a los pasillos papales. Y de la mano de un Papa del que podría no esperarse tales «desmanes», aunque por otro lado, y dados sus conocimientos teológicos y filosóficos, era más que deseable.

Y ha sucedido. Ubi caritas, Deus est. Hablar de economía y amor, de justicia y misericordia, de no utilizar la ética en vano, son arriesgadas apuestas, cuando se apoyan no sólo en textos de los padres de la iglesia, sino además en las corrientes de pensamiento que han ido dando en los últimos tiempos la posibilidad de entrever un mundo mejor posible. Las apuestas alternativas en la creación de empresas, la inserción, la economía solidaria, las bancas alternativas, la apuesta por la persona, «…favorecer una orientación cultural personalista y comunitaria, abierta a la trascendencia, del proceso de integración planetaria», son cuestiones que jalonan el texto de reafirmación de una línea que parecía alejada de los despachos epicopales (a excepción de algunos).

Ahora esta encíclica introduce la necesidad de que desde el propio autor hasta el sacerdote del pueblo más alejado, desde el creyente de comunidad de base hasta el empresario de misa dominical tengan la obligación de actuar en consonancia.

Cooperación internacional, desarrollo, abuso del término «ético» en el mundo empresarial, sostenibilidad, son cuestiones que se desgranan en un texto mucho más interesante e innovador que los informes que firma hoy por hoy la ONU de Ban Ki Moon.

Y tiene sus oscuridades. Resurgen temas cuestionables como el del aborto o la natalidad, pero esta vez mucho más inmersos en el contenido, como «uno más», y no como las estrellas que todos los mass media sienten la tentación de resaltar cuando el Vaticano dice algo.

Merece la pena leerlo. Tan sólo el alegato contra la banalidad en la caridad que hay al principio, ya vale la pena.

Concertación, transición y futuro I

Hoy voy a mirar hacia el interior de mi país de nacimiento. Al igual que el país donde he vivido la mayor parte de mi vida, debido a la iniquidad de una parte de su sociedad (civil, eclesiástica y militar) ha debido vivir un proceso de transición de la dictadura a la democracia. Proceso de duración siempre indeterminada, imposible de ajustar a periodos o acontecimientos concretos que marquen un final, una vuelta a la normalidad. Creo que nunca se vuelve a la normalidad; las aventuras más o menos revolucionarias en democracia nunca son “normales”. Y no quiero que se tome “aventuras” en sentido peyorativo, ni mucho menos; sino en el más positivo, son la búsqueda de la buena ventura. Y cuando se truncan violentamente, las heridas nunca se curan. Siempre permanece la huella, y por tanto, la transición es un camino que en realidad no nos devuelve al punto de partida, sino a un nuevo futuro.

En Chile, del “No” surgió la Concertación. Una amplia mayoría que quería ser demostración de un futuro mejor posible y necesario. Pero como sucede siempre en esta imperfecta democracia nuestra, reino de las mayorías, de las medias, de los porcentajes, de la seguridad, de la necesidad de atesorar años de gobierno, se traicionan las buenas voluntades en pro de la efectividad y del progreso. La sucesión de presidentes desde aquel “No” a Pinochet, ha sido variopinta. Dos democratacristianos, un socialdemócrata y una socialista. Un equitativo reparto si atendemos a las necesidades de cada momento; el primero, para traer la calma a la nación, un conservador inclinado por el golpe en un primer momento y que pidió perdón a tod@s por el error cometido; el segundo, un conservador pragmático que devolvía a las élites tradicionales la predominancia política; el tercero, el exilio redentor, la pragmática socialdemócrata, el tecnócrata, un aire más de izquierda para la normalización; la cuarta, mujer al fin, socialista como el presidente legítimo expulsado y mártir, torturada, huérfana por torturas, hija de militar leal, pero ya víctima de la flaqueza ideológica de la Concertación.

Cuatro presidentes que han ocupado La Moneda bajo el modelo que el dictador había preparado para autosucederse; presidencialista como nunca, con senadores designados, con un modelo social basado en la diferencia de clases como siempre había sucedido. Y durante ese tiempo una coalición de gobierno que ha ido perdiendo identidad para convertirse en una plataforma de gobierno, cuyo único objetivo es gobernar, o perpetuarse en el gobierno. En el modelo democrático actual, esto es alcanzar la mayoría de edad política. Al igual que el PSOE y el PP en España, la Concertación es una coalición con escasa capacidad ideológica que busca perpetuarse en las estructuras. Cuando un gobierno traspasa los 8 años en el poder, se transforma en una especie de virus, que se enquista en las instituciones con la voluntad de perpetuarse eternamente. Gobernar, 12, 20, 25 años, en un sistema democrático de mayorías, es alcanzar la plenitud; en realidad, es llegar por el camino opuesto a la dictadura administrativa. Si a eso le añadimos el bipartidismo, la inexistencia de terceras o cuartas opciones, llegamos a la plenitud del espíritu de la democracia occidental.

Situados en ese punto, es muy sano y deseable que aparezcan opciones a esa situación. En España no existen, y así nos va. En Chile, surgen los Navarro, Arrate o Enriquez-Ominami. Cada uno de los tres incide en algún detalle particularmente interesante, pero probablemente, el último de ellos es el que reúne unas características que le hacen, bajo mi humilde punto de vista, la opción más deseable de las que podrían estar presentes en las próximas elecciones presidenciales en Chile. Y por eso, voy a dejar para una profundización posterior, valorar los puntos en los que apoya su pretensión presidenciable. Pero antes, me gustaría realzar eso de “opción más deseable”, ya que ninguno, realmente propone una transformación profunda del sistema, cosa que sería la opción más clara; sigo apostando por un modelo autogestionario y participativo. No lo olviden.

Zapatero en África Occidental

La cumbre de la CEDEAO (Comunidad de Estados de África Occidental) y una visita oficial a Nigeria y Togo han sido el motivo de este viaje por esta zona tan empobrecida del planeta de nuestro jefe de gobierno. En la cumbre prometió 240 millones de euros para el desarrollo agrícola y la lucha contra el hambre en los 3 próximos años. Y algunos dirán que está bien, otros que es poco, y otros que en medio de la crisis que se las apañen como puedan. Me gustaría recordar mi anterior artículo “Un juguetito de un millón de euros”. El Sr. Zapatero se ha comprometido a gastarse cada uno de esto tres años en la zona lo mismo que se gastó en comprar estos juguetitos.

Quizás sería bueno poner ambas cuestiones en paralelo para poder tomar conciencia de la similitud en las cifras con la diferencia que implican ambas iniciativas. Una se trata de la compra de armas de destrucción selectiva, que ni siquiera están amparadas por una hipotética necesidad defensiva; la otra se trata de una iniciativa de apoyo al desarrollo de una de las zonas más pobres del planeta, de las más empobrecidas, o sea de las que más hemos ayudado a empobrecerse durante años. Tampoco voy a entrar en la calidad o efectividad de esta aportación que vamos a hacer (porque esto también se hace con el dinero de todos y todas, incluidos los impuestos que pagan los y las inmigrantes que viven en España), ya que no se han aportado más detalles, pero es posible que una parte de ese dinero que vaya a desarrollar su agricultura, esté pensado para apoyar la presencia de empresas españolas dedicadas a algún sector productivo o de servicios relacionado con la agricultura, y eso se considere “cooperación al desarrollo”. Lo importante es resaltar la “frialdad” de las cifras; cuesta lo mismo intentar matar que ayudar a vivir, tiene el mismo valor económico. ¿Tiene el mismo valor en nuestras consideraciones éticas?

De la visita a Nigeria hemos sabido poco o nada, y de la de Togo sólo dos cuestiones han conseguido atraer la atención de unas pocas líneas en los periódicos. La que más la avería del avión que obligó a Zapatero a retrasar unas horas su viaje; muy importante. La que menos, pero que al menos se coló en las rotativas, el hecho de que en Togo se hiciera coincidir la visita con la ratificación por el congreso de la ley que eliminaba la pena de muerte del código penal. Es un elogio que un país escoja la visita de un mandatario extranjero para dar un paso tan importante, y deberíamos ponerlo en valor. Pero si hemos ido allí es porque Togo tiene algo que nos interesa, y no son ni los fosfatos ni el mármol que ya explotan empresas españolas, pero que tienen poco interés en este momento; quizás la pesca, nuevos caladeros a los que acceder desde este estrecho país, o quizás la agricultura y su exportación a la UE.

Seguimos funcionando con los mismos criterios coloniales de siempre. Llevamos el dinero y nos quedamos con los recursos; nos agasajan y nos maravillamos de su amabilidad y belleza natural. Recordemos que la mayoría de los inmigrantes del África Subsahariana proviene de esta misma zona. Que hablamos de los recursos o la falta de su disponibilidad, que es la que les empuja a venir hacia el norte. Es mucho más fácil quejarse de la inmigración o de la mala calidad del césped en los campos de fútbol sudafricano que interesarse por las razones que hay para que sea así; es mucho más fácil ignorar nuestras responsabilidades que acercarnos a verles de cerca.

Un juguetito de un millón de euros

Acabo de ver y leer sobre el TAURUS, nuestro (sí, lo hemos pagado entre todos y todas los que tenemos DNI y algunos con NIE) juguetito más destructivo. Digamos que es aquello que el ejercito español se ha comprado para decirle a sus vecinos que la tiene más grande, y me refiero al arma de destrucción más grande, no vayan ustedes a pensar.

Este aparatoso misil de medio alcance puede ser disparado por uno de nuestros F-18 (también pagados por los mismos y mismas de antes, sólo que hace algo más de tiempo) tras una costosa adaptación de 4 años de trabajo, a una distancia del blanco equivalente a la que hay entre Madrid y Alicante, pudiendo introducirla por una ventana y con una gran capacidad destructiva. Cada uno de los 46 misiles costaba cerca del millón de euros, sin contar otras zarandajillas. La última los casi 700 mil euros que ha costado ir a probarlos a Sudáfrica, donde había un lugar lo suficientemente grande (y endeudado, claro) para evaluar su efectividad.

Hablamos de una inversión de 60 millones de euros. Cada uno hemos puesto un euro y medio de nuestros impuestos para comprar estos aparatitos; mi familia ha puesto 6 euros. En mi casa vamos a tener la posibilidad de decir, que tenemos la diezmillonésima parte de responsabilidad directa en la destrucción de aquello contra lo que se utilice. Algo tan simple como ceder una parte de nuestra responsabilidad en un pequeño grupo de burócratas y militares, que en un momento puedan a su vez cederle la responsabilidad a un piloto que pueda apretar un botón desde aguas internacionales mediterránea y destruir un objetivo en algún lugar del desierto argelino, por poner un ejemplo futurible. Me han obligado a pagar para tener la posibilidad de matar o destruir mejor, más efectivamente.

Por otra parte, con ese dinero se cubriría el plan cuatrienal de cooperación al desarrollo de alguna comunidad autónoma, por ejemplo de Extremadura. O porqué no, se doblaría repentinamente, y entonces quizás podría aventurarme a pensar (eso si se utilizara bien) que habríamos contribuido a cederle la responsabilidad de ayudar a otros a algunas personas que se encuentra en mi propia comunidad, o en Camerún, o Guatemala. Cuando lo pienso, esta segunda opción me deja mucho más satisfecho, más tranquilo en cuanto al uso de mi solidaria contribución a las arcas del estado.

Pero no se preocupen demasiado económicamente. Ese gasto lo hemos recuperado con creces sólo con el comercio de armas que nuestro estado ha llevado a cabo con Marruecos. Con esos beneficios obtenidos de venderles armas, fabricadas por algunas y algunos de nosotros, a nuestro “enemigo natural”, hemos pagado esa inversión en seguridad nacional que nos defienda de ese mismo “enemigo” y otros potenciales, y además hemos cubierto lo que nos gastamos en publicidad para auto engañarnos diciéndonos que tenemos un ejército para misiones de paz y humanitarias.

Por cierto, esto podríamos extrapolarlo a otros lugares. Podría estar escribiendo desde Chile, cambiando algunas palabras y países.

A todas y todos nos engañan, o nos ayudan a autoengañarnos. Si tenemos tanto interés en que se controle a cada organización que le damos 60 mil euros para ayuda humanitaria, ¿porqué no tenemos el mismo interés en que se controle al estado en lo que invierte mil veces más para objetivos “menos” constructivos?

Obama, los periodistas y los localismos

Tenemos una especie muy particular de periodistas en este país. Habitualmente centrados en lo local, en primar la importancia sobre el terruño de lo que se cuenta, como en el caso de Lluc, el nuevo ejemplar de simio que se ha encontrado en Barcelona, y que según sus descubridores es un importante eslabón de la evolución de los primates hacia la línea de los homo, de la que provendríamos nosotros y nosotras, pero que los periodistas se empeñan en calificar como el primer homínido, que por supuesto sería mediterraneo, español o catalán según los intereses de cada uno.

Pero esos localismos, se hacen muy patentes en la información internacional. Del importante discurso del presidente de los EEUU de América, Barack Obama, en El Cairo, los periodistas españoles han destacado dos cuestiones que me provocan verguenza e ira en partes iguales.

Como Obama no mencionó a Zapatero al alabar Alianza de Civilizaciones ya se ve como un agravio, ya que os elogios fueron para los esfuerzos turcos. Tomando en cuenta que el discurso iba dirigido al mundo islámico, es más que razonable que fueran los indudables esfuerzos puestos por Turquía, que en España siempre se pasan por alto, para poner en marcha junto a Zapatero una línea de trabajo tan contracorriente como esa. Era el momento de priorizarlo, y con justicia lo hizo. Pero aquí pareció un desplante, un olvido de la importancia de nuestro puesto en el mundo. Pienso que probablemente por un exceso de enanismo mental que les hace pensar que cuando no se habla de España es porque no se nos valora o quiere.

Y la perla llega con la tan traida y llevada errata que Obama habría cometido al decir que «El Islam tiene una orgullosa tradición de tolerancia. Lo vemos en la historia de
Andalucía y Córdoba durante la Inquisición.» (traducción del discurso colgada por El País). En Radio Nacional de España se mofaron del supuesto error cada vez que comentaron el discurso, y ahora quizás habría que hablar de la incultura manifestada por quienes así reaccionaron, al recordarles que la Inquisición no fue patrimonio español, ni tampoco tuvo su origen en España, sino en el Languedoc francés en el 1184 para reprimir las herejías cátaras, extendiéndose a mitad del siglo siguiente a Aragón. En ese momento coincidía con el califato de Córdoba, ya que este fue conquistado por el rey castellano leonés también a mediados de ese siglo.

Incultura, mofa, falta de respeto, ombliguismo,… hay muchas otras ocasiones que podría traer a colación, pero con estas creo que bastan por hoy.

Aborto y abusos; ¿quien dice algo peor?

Poner en relación el aborto, sus consecuencias, la leyes que lo regulan o lo prohiben o permiten, los abusos a menores y sus implicaciones en cualquier institución, es una falta de criterio moral por cualquiera de las partes que lo han estado tratando.

El cardenal Cañizares no merece estar dentro de la Iglesia Católica, y mucho menos ser miembro de su sacerdocio ni ningún cargo en ella. Ha demostrado su inexistente capacidad moral al pretender hacer una gradación entre estos dos temas. Me imagino que en próximas entregas hará la comparación de que cuando se quemaba herejes era algo más grave que cuando se combatía al infiel en tierra santa por mandato del Papa.. porque matar en la guerra es menos malo que matar en la hoguera tras un juicio. ¿Se puede hacer una graduación moral del hecho de matar? ¿En qué lugar se le enseñó a este señor lo que eran ética y moral, lo que eran la misericordia y el amor? Repugna a los oídos del creyente tanto como del ateo, escuchar estas barbaridades sin sentido.

Pero claro, en la búsqueda de quien da más, siempre encontramos al que está dispuesto a decirla más grande, y para eso tenemos al señor Mayor Oreja, que pretende representar en Europa a una parte de los españoles. No sólo lo ha justificado, sino que ha considerado «exacta» su gradación, con lo que se ha convertido en censor moral y ético, poseedor de la medida concreta de las maldades del mundo para ser graduadas según su baremo. Lo malo, es que muchos aceptarán esas palabras sin crítica, y le darán su beneplácito para representarles, sin darse cuenta de que se convierten en la misma escoria.

Y no contentos aún con tanto devarío, llega una jovencita subida a altos cargos por el otro partido en cuestión, Bibiana Aído, ministra de igualdad, y con gran conocimiento científico, biológico y de la genealogía humana, se permite afirmar que un feto de 13 semanas es un ser vivo, pero no un ser humano. Consecuencia, que dado que ella sabe de igualdad, concede su vara gradométrica, para afirmar que es lícito matar a un ser vivo de 13 semanas, porque no es un ser humano. Me imagino, que cuando cumple 22, el soplo de la inteligencia humana viene sobre ese feto para alcanzarle la diferencia en ese punto exacto, y ya nos impide acabar con él. ¿Como puede alguien hacerse tales disquisiciones con la misma tranquilidad del que se toma una cerveza?

La discusión del aborto no puede banalizarse de esta manera, simplona y rastrera, medida en semanas donde somos incapaces de medir ni siquiera en días; pero igual en bajeza es comparar abusos contra la voluntad de menores con el aborto para hacer gradaciones.

Pero claro, quien no sabe si usar la propiedad pública en beneficio privado es lícito o no, o simplemente un arma arrojadiza en tiempos de elecciones, tampoco es capaz de entrar en cuestiones más complejas y se embarra en lodos que no salen con ningún agua, ni siquiera bendita.

Será que ir retirando la filosofía de los planes de estudio es parte de un plan premeditado para conseguir que la gente piense menos aún, y sea menos capaz de analizar tan bellacas palabras de estos que se encuentran en la cúpula del poder.

La tierra otro bien escaso

Como viene pasando últimamente, lo que antes nos parecían obviedades ahora se han convertido en cuestionables afirmaciones; que el agua, la tierra y el aire son de todos es una de ellas. En este mundo mercantilista y neoliberal, especulador y explotador, inversores y corporaciones llevan algunos años desembarcando en los paises del sur, esos que llamamos también empobrecidos, y que ellos llaman en vías de desarrollo o directamente subdesarrollados.Y desembarcando para hacerse con el agua, con el derecho de explotación, e incluso con la propiedad del agua, de sus cauces naturales. También con los derechos por el aire limpio. Y ahora también la tierra. Países con poco terreno y con miedo al hambre, como Corea del Sur, están comprando millones de hectáreas en África, con la intención de explotarlas, hasta su último aliento. En particular, la Daewoo tiene previsto, si el gobierno de Madagascar no consigue impedirlo, comprar la mitad de la tierra cultivable de la isla para producir alimentos para los obreros de esa multinacional, que nos construyen electrodomésticos y coches a los consumidores del mundo.

Mientras, el hambre corroerá aún más las entrañas de África. La tierra, el último tesoro que les quedaba por perder, se encuentra en la mira de unos atemorizados inversores que buscan la seguridad de sus fondos, y la seguridad de sus y nuestros estómagos. La Fao lo sabe, acaba de publicar un informe sobre el tema y desde la ONU se sigue hablando de los logros en los Objetivos del Milenio.

Podemos seguir insistiendo en consumir desesperadamente ignorando su relación con el medio ambiente y nuestro futuro posible, y con el futuro y el presente de personas como nosotros que luchan por sobrevivir. En Argentina y Chile pierden la posibilidad de decidir sobre el uso del agua y de sus recursos hídricos; en África pronto no habrá tierras que ocupar, o huertos donde plantar las hortalizas de subsistencia; en Asia pronto no habrá aire y agua que poder utilizar. Nos asustamos ante la idea del decrecimiento, más se asustan los que aún no han podido llegar a nuestros niveles de consumo; pero necesitamos comprender que debemos detener nuestro consumo, racionalizarlo e incluso en casos disminuirlo, para que otros puedan superar el estadio de la inanición y vivir dignamente.