Debates del personalismo VIII

Coincido casi plenamente en el análisis inicial en la respuesta de Carlos. Ambos sabemos a qué tradiciones pertenecemos, aunque yo no creo que mi punto de vista sea “verdadero”. Es mi lectura y mis conclusiones sobre lo que hemos hablado y lo que he leído de los autores en cuestión. No creo que haya en mí voluntad de considerar mi interpretación como la verdadera, sino como una que cuadra con mi visión del mundo. Vivo el personalismo, y ello me hace situarme de forma vital frente a la realidad, pero también como filósofo. Cuando afirmo que la persona es y se hace no pretendo describir la realidad, sino mostrar precisamente una doble vía en la multiplicidad que somos. Pues no cabe duda que existimos, estamos y que además somos; incluyo las tres vertientes ya que en castellano no están bien subsumidas las tres en el verbo ser. Somos personas porque es nuestro modo de ser; qué sea la persona es una labor concreta a llevar a cabo en otro lugar. Nos situamos en el mundo y actuamos, estamos y existimos de un modo también, que se corresponde con lo que entendemos por ser persona. Del hecho de que concibamos de una manera u otra a la persona, como solamente una forma de ser, o también como una forma de actuar en el mundo y en el devenir del tiempo, cambian radicalmente. Así lo que trataba de describir era que habían dos formas de abordar el problema.

Por otro lado, me gustaría que me explicaras que entiendes por “macla”, ya que para mí es una unión de cristales gemelos en forma simétricos. Si se trata de una relación metafórica, entiendo que la diferencia entre ambos sigue siendo metodológica, ya que tú estás viendo a cada “cristal” gemelo por separado, y yo veo la unidad que forman, que sería la persona.

En cuanto a las contraposiciones:
De “personalizar” y “personalizarse”, creo que hay algo que no entiendo. Si yo personalizo “mi”… me personalizo, en palabras tuyas, con lo que en principio estamos diciendo lo mismo, aunque yo no hablo de “naturaleza”, terminología ajena a mí.
De “inestabilidad” y “quietismo”, es un juego de palabras que he utilizado, ya que inestable y dinámico están emparentados, y por lo mismo sus opuestos. Y lo que me interesaba oponer era la inestabilidad de lo que se reconoce como estable en nuestra sociedad (tener un trabajo bien visto, una familia “normal”, una casa,…) y la quietud en cuanto a inmovilismo.

Y dos apuntes finales:
Yo sí me considero filósofo, porque es mi vida y aplico lo que aprendo en lo que enseño. Hago de mi vida un reflejo de lo que pienso, o eso intento. Creo que es tan lógico como considerarse biólogo aunque se sea profesor de biología.
Los pensadores escriben lo que piensan, incluso lo que piensan sobre otros pensadores que escribieron (….), y es nuestra función interpretarlos. No creo haber dicho que pensaran así, es mi interpretación de lo que dijeron, y de ella resultan otros caminos, como en tu caso, enriquecedores (espero) de lo anterior. No podemos ser meros repetidores, debemos arriesgar, jugar en la inestabilidad del compromiso con la realidad para descubrir al otro, y quien sabe, si la Gracia, de conocer al Otro.

Debates del personalismo VII Contestación Carlos Massías

Mala jugada me hace Javier al convertir mi comentario al paso en un post, porque acentúa la responsabilidad sobre mis palabras y su claridad. Pero, ¿qué podría agregar? En líneas generales, Juan Carlos ha entendido mi punto de vista; pero no lo comparte. ¿Qué puedo hacer? Considero que mi punto de vista es verdadero; pero la verdad se propone, no se impone. Podemos pasarnos cien mil comentarios en los que cada uno intenta aclarar mejor su punto de vista, sin que al final puede mover ni una pizca el punto de vista del otro. Antes bien, terminaríamos como Edith Stein, reconociendo que somos lectores atentos de la postura del otro; pero que no podemos hacer tabula rasa de la senda filosófica que cada uno ha escogido, la raíz de la cual se nutre. Con todo hay una razón que valida el diálogo, y es que si bien puede que al final no se muevan las inteligencias, se pueden mover las personas para comprenderse unas a otras.

Comencemos por la aporía que señalo. Juan Carlos dice que no es tal porque, afirma, la persona es y se hace. Ciertamente, si dirigimos nuestra atención a la realidad vemos que Juan a lo largo de su vida cambia tanto a nivel biológico, psicológico, anímico, y sin embargo sigue siendo Juan. No se puede negar que Juan cambia; pero tampoco se puede negar que Juan permanece en medio del cambio, esa es la realidad (a este problema refiere san Agustín en las primeras páginas de las confesiones). Le toca a la filosofía intentar dar una explicación suficiente de ese aspecto de la realidad. Afirmar, como lo hace Juan Carlos, que la persona es y se hace, es un intento de describir la realidad; pero no de explicarla, y repetirla varias veces no la convierte en explicación. Y no solamente la afirmación de que la persona es y se hace no explica nada, sino que sucumbe a la perplejidad cognoscitiva. ¿En qué se nota la perplejidad? En que se resuelve la antinomia en una macla contradictoria. ¿Qué consecuencias trae esto? Que como lo realidad es no contradictoria, si lo pensado es una macla contradictoria, lo pensado no es pensamiento de lo real, sino puro pensamiento. Nos hemos desconectado de la realidad, y nuestro pensamiento intenta autofundarse. Nótese por ejemplo la afirmación “somos personas desde un primer instante, pero personas que deben pasar por un proceso de personalización”, ¿Si somos personas por qué debemos pasar por un proceso para hacernos personas? Esta afirmación es producto de la perplejidad, es la reaparición en términos personalistas de la causa sui de Spinoza (en Spinoza la causa sui aparece porque macla el orden de las ideas y el orden de las cosas). Como la persona es causa sui lo trascendente no es imprescindible para el proceso de personalización. Si la trascendencia “no es imprescindible para la personalización”; pero los valores si son necesarios para personalizarse, ergo, los valores no son del ámbito de lo trascendente, ¿son los valores inmanentes? Todo parece indicar que sí, dado que el ámbito de la trascendencia se ha tornado prescindible. Detrás de todo esto palpita un intento de colocar la ética por encima de la metafísica, lo que supone una postura voluntarista.

¿Cómo superamos la macla? Siendo fieles a la persona. Muchas veces los personalistas no se toman en serio lo que dicen; dicen que la persona es única e irrepetible, y a continuación llenan a la persona de notas que son comunes a todos los seres humanos, y que no tienen nada de únicos e irrepetibles: inteligencia, voluntad, afectividad, corporeidad, caracter sexuado… nada de esto tiene el carácter de ser único e irrepetible, al grado que se pueden establecer tipologías de inteligencias, de voluntad, sexuales, de carácter. Todo aquello que tenemos en común los seres humanos pertenece al ámbito de la naturaleza, que es algo distinto de la persona. (Esta distinción entre persona y naturaleza es algo que está estrechamente vinculado al origen del término de persona. En la patrística creo que se la debemos al Damasceno, y se ha aplicado para referir que Dios tiene una naturaleza pero es tres personas; o que Cristo es una persona pero tiene 2 naturalezas: humana y divina; durante la edad media se mantiene a nivel teológico aunque al expresarla en el lenguaje filosófico escolástico pierde su radicalidad. La modernidad la olvida. Se puede encontrar algo de esto en autores como Scheler, Guardini, Leonardo Polo; Marcel la barrunta en algunos textos, pero no logra tematizarla por insuficiencia metódica. Muchos autores contemporáneos han optado por una visión holística de la persona). La persona es acto, es el acto de ser que cada quien es. Somos seres humanos porque tenemos una dotación común, que podemos llamar naturaleza; pero a la vez somos personas distintas una de otra. La persona es acto de ser; pero no hay que considerar el acto de ser como algo estático, eso sería confundirlo con un objeto pensado.

El acto de ser es activo; pero esa actividad no pude ser contradictoria; porque significaría recaer en la macla. La actividad del ser no comporta cambio. Identificar actividad y cambio, es un límite que introduce el conocimiento objetivo; el cual al intentar entender la actividad mediante un objeto estático, introduce una serie de objetos para suponer la actividad, con lo cual la actividad deviene en proceso, en cambio. La actividad del ser es persistir en su existencia, es no cesar de ser.

En el caso del ser personal, su actividad no se puede agotar en persistir. La persona es además del ser del universo; por eso lo propio de la persona es coexistir. Coexistir no es existir de modo yuxtapuesto, como la mónadas; sino es apertura hacia el ser. La persona se abre hacia dentro, tiene intimidad. La persona se abre hacia afuera, hacia el ser del universo y hacia otro ser personal; la persona se abre hacia su propia naturaleza y dispone de ella. Respecto a esto último, tiene razón Juan Carlos cuando detecta que lo propio de la persona es personalizar; pero no lleva razón cuando lo interpreta como personalizarse. Lo que la persona personaliza es su naturaleza, la hace crecer, la asume personalmente, constituye entonces su personalidad (yo). El crecimiento de la esencia humana es primariamente ético.

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Una última cosa ya no sobre la persona sino sobre la filosofía. Dice casi al final Juan Carlos: “aprendió de (..) Landsberg, su “maestro” en entender qué era eso del compromiso, alguien extraordinariamente riguroso que también entendía de las urgencias, que prefirió la inestabilidad al quietismo.” Lo contrario de inestabilidad es estabilidad, y lo contrario de quietismo podría ser dinamismo. No son conceptos contrarios, una bicicleta es estable en movimiento e inestable cuando está quieta. Si alguien apremiado por las urgencias del compromiso se creyó obligado a tener que elegir entre la inestabilidad y el quietismo; se vió enfrentado a un dilema falso. Si algún día me veo en la situación de estar en un quirófano por alguna dolencia grave, urgente; quiera Dios que me atienda un cirujano comprometido con curarme, activo, dinámico, y no aletargado, quietista; pero por nada del mundo deseo que sea una persona inestable ni emocional, ni intelectualmente, y mucho menos en el pulso.

N.B: No soy filósofo, soy profesor de filosofía, que es distinto y no es falsa modestia. Llo que he escrito se nutre de mis lecturas, sobre todo de Leonardo Polo, San Agustín, Tomás de Aquino y los personalistas; pero no me atrevo a decir que es así como piensan porque sabrá Dios hasta qué punto los he etendido o malentendido.

Debates del personalismo VI

Queridas Inés y María Cristina, no creo que sea una cuestión de posiciones contrapuestas, sino de visiones distintas de una misma realidad. Eso implica que cada uno se posiciona para ver el cuadro desde su lugar, con lo que no hay hiato, y quien quiere ponerlo tergiversa la realidad. La cuestión es ser capaz de mirar desde distintas posiciones para ver la realidad completa.
También es cierto que hay momentos que exigen más una mirada que otra. La eterna tensión de las democracias cristianas entre la mariteniana y la mouneriana se expresa en un menor o mayor compromiso con la realidad. Maritain nos demanda una mayor contemplación para profundizar en el ser, mientras que Mounier exige hundir manos y pies en el fango de lo continuo para comprenderlo y actuar en él.
Tener estas cuestiones claras es primordial para que ambas visiones dialoguen y se enriquezcan. Es como si me dijeran que no es necesaria una filosofía de la persona a lo Von Hildebrand o Guardini, o que el Personalismo Comunitario de Carlos Díaz es superfluo.

Para seguir contestando no voy a situarme desde ninguno de los dos autores en particular, aunque mi influencia (o mi raíz, siguiendo la terminología de Carlos Díaz en “30 nombres propios”) creo va a quedar clara.

La primera aporía que menciona Carlos no me parece tal. La persona es y se hace. Desde el primer momento somos personas y por tanto somos dignos; no se trata de una cuestión de perfección o imprefección, categorías aritotélicas y tomistas que resultan complicadas (cuando no peligrosas) a la hora de hablar de la persona. No somos en potencia, pues, sino que somos personas desde un primer instante, pero personas que deben pasar por un proceso de personalización. Éste se desarrolla de manera doble; en relación con los demás y relación con uno mismo. Además existe la posibilidad de descubrir en los demás y en uno, una forma de relación especial con la trascendencia, que en ningún caso es independiente de nuestra relación con los otros y con nosotros mismos, y que no es imprescindible para el proceso de personalización. Estamos demasiado imbuidos de la concepción aristotélica de que la perfección y la completud van unidas, de donde proviene la idea de progreso o desarrollo que manejamos habitualmente en sentido de mejora, avance, o camino de perfección, cuando en realidad son simplemente camino.
Así las consecuencias de una visión perfeccionista son precisamente de las que alerta Carlos en estas líneas; sólo vales si te adhieres a una escala de valores, por lo que quien no puede por ser nonnato o discapacitado no sería persona o lo sería “menos”. De la misma manera que he visto justificar a reputados neotomistas la pena de muerte, ya que igual que se “mejora”, se “empeora”, pudiendo perder en la escala personal. Ser no implica estaticidad; la discrepancia entre Heráclito y Parménides es falsa, se trata de dos maneras de explicar lo mismo. El ser se desarrolla y no es por ello que sea mejor o peor, sino por su adscripción a una escala de valores.
Hasta aquí mi matiz con Carlos es que creo que el tomismo es una mala explicación de lo que dijo Tomás de Aquino. Maritain se ciñó finalmente en exceso al tomismo. Esto ya lo separó de Péguy y lo separaría de Mounier.
Mounier es un pensador arriesgado, más preocupado por entender y explicar qué acontecía con la persona, que en mantener una rigurosidad filosófica. Y esto lo aprendió de Landsberg, su “maestro” en entender qué era eso del compromiso, alguien extraordinariamente riguroso que también entendía de las urgencias, que prefirió la inestabilidad al quietismo.
En fin, que esto da para mucho y es un comentario…

Debates del personalismo V Ines Riego y M.Cristina Roth

Inés Riego

Javier, antes que nada debo felicitarte por la valentía de entrar a un tema al que, “en el llano”, pocos se le han animado. Digamos, para precisar, a popularizarlo y eso solo ya es meritorio. Pero además has puesto el dedo en la llaga en una de las temáticas que más rispideces ha creado entre maritainnianos y mounieranos, aquellos tirando hacia una metafísica del ser de corte tomista y recostada sobre la derecha (aunque muchos no entiendan casi nada del trasfondo de esta metafísica) y éstos, los seguidores de Mounier, renegando de ese “tufillo tomista” y tirando de la cuerda hacia una izquierda revolucionaria pero moderada, por cierto. Yo me río cuando dicen que las ideologías han muerto, porque de hecho la realidad dice que estas grandes “ideas-pasiones” del siglo XX no han caducado y están a la orden del día en los discursos políticos y de la cultura en general. Pero te voy a ser absolutamente sincera: coincidiendo con Lucía, no veo inevitable ese hiato entre “metafísica del ser” y “metafísica del devenir”, que son perfectamente conciliables y complementarios, en el plano filosófico al menos. Porque de hecho Mounier no reniega de las categorías metafísicas (aunque critica lo criticable, por supuesto, como la rigidez de ciertas estructuras tomistas propias de un discurso medieval incapaz de pensar la relación como esencial a la persona) sino que las incorpora tranquilamente a su discurso adaptándolas a su razón agapeizada cristiana. De hecho al definir al “indefinible humano” dice que la persona es “un ser espiritual constituido por una forma de subsistencia y de independencia en su ser…” etc., usando desde ya la categoría metafísica de ‘subsistencia’, y ¡hablamos de metafísica del ser! Más bien me inclino a ver las grandes diferencias entre uno y otro en la interpretación de la persona como relación amorosa en Mounier, que es y se hace a la vez, y más clausa y sustantivista en Maritain aunque abierta a lo comunitario, y en las distintas lecturas sobre la esencia de la Iglesia y la cristiandad, Maritain más ortodoxo y Mounier un revolucionario, al punto de dirigir su discurso de denuncia contra la cristiandad difunta y la burguesía cristiana de aquella época, no tan distintas de las nuestras.
En fin, hay mucho por pensar y más por estudiar, pero tu comentario breve es una puerta abierta perfecta a este debate que todavía nos debemos los personalistas actuales. Y esto sin olvidar que nada puede suplantar al valor del buen diálogo entre las distintas posiciones -y pasiones-, y que desde esta espléndida libertad del pensamiento estamos obligados a ser críticos lúcidos de ambos, siempre viendo y reconociendo lo bueno y noble que uno y otro nos han dejado para poder pensar desde uno mismo. Este espacio refleja precisamente esa libertad sin la cual no somos.

M.C. Roth

Coincido con inés en el comentario pero tamién me genera la pregunta si es necesario seguir tirando de la cuerda o sería más positivo una actitud integradora-desde los dos lados- acerca del mundo del “ser” y del devenir” No creo que haya hiato alguno sino que el ser va siendo en el devenir… de ahí su historicidad. Su realización en la comunididad de individuoa… pero la tenporalidad es ingherenteal ser en su devenir…

Debates del personalismo IV Respuesta Carlos Massías

Creo que la idea de una persona que se hace persona, nos coloca ante una aporía: primero, ¿mediante qué actos la persona se hace persona? ¿mediante el compromiso con los valores, las acciones éticas? De ser así, ¿los niños que están en el vientre materno no serían personas por no manifestar compromiso alguno con los valores (o realizar la acción que sea que nos haga personas)? Igual questionamiento se podría realizar con una persona en estado de coma. ¿Valida esto la eutanasia o el aborto? Segundo, podría decirse que el no nacido es una persona en potencia; pero la potencia implica imperfección respecto al acto. ¿cabe una persona imperfecta? o en otros términos, ¿cabe hablar de un más y un menos en las personas? ¿Hay hombres que son más personas que otras y por ende más digna que otras, en la medida en que se ha hecho más o de mejor manera? Esto me inclina a pensar a la persona más como “ser” que como “hacerse”.

De que la persona es “ser” y no “hacerse”, no se sigue de que sea una mónada. La incomunicabilidad personal no solo no es contraria a la interpersonalidad, sino que es su “fundamento” (puede verse al respecto el capítulo II de La Interioridad de la Persona de John Crosby). El querer contraponer la incomunicabilidad tomista (medieval, en realidad) con la comunión interpersonal del personalismo y las filosofías del diálogo, pone en evidencia una lectura deficiente, superficial, de la metafísica tomista. Para Tomás de Aquino el ser humano es persona incomunicable, pero a la vez está llamado a la comunión con Dios. Tampoco se puede decir que porque la persona es ser acabado no tenga ya nada que hacer. En los seres humanos, se distingue el ser de la esencia, la naturaleza de la persona. La esencia es potencial y corre a cargo de la persona actualizarla, hacerla crecer, y ese crecimiento solo se hace en relación, porque el crecimiento humano es sobre todo ético.

Por último, el tomismo es una obra filosófica audaz, imponente; pero -por razones varias- con una visión de la persona insuficiente. Le toca al personalismo rescatar lo valioso y criticar las limitaciones para proseguir cognoscitivamente; pero esto tiene que hacerlo -como señalaba Carlos Díaz en Córdoba- con un estudio serio y riguroso de la filosofía, y no con juegos de palabras insustanciales. Maritain es ciertamente un pensador serio y riguroso, y es loable su intento de actualizar el tomismo; sin embargo, en muchos aspectos terminó siendo más fiel al tomismo que a la realidad, y no se aventuró a una ampliación temática del ser personal, sino que lo siguió entendiendo análogamente. Mounier es también otro pensador serio, pero su interés por el compromiso a veces lo lleva a perder rigurosidad y precipitarse en algunas conclusiones insostenibles. Nos toca, al igual que con el tomismo. rescatar lo valioso de su filosofía y criticar los límites del pensamiento de mounier, para poder seguir conociendo. La fidelidad no es ni para Mounier ni para Maritain, sino hacia la persona.

Debates del personalismo III

Este post es claro y conciso. Traer las palabras de Arostegui sobre el tema es muy interesante, porque centra todo el debate entre las dos líneas principales del personalismo hasta hoy.

Desde mi punto de vista existe una Filosofía de la Persona, de clara influencia tomista, en la que Karol Wojtyla sería su exponente más importante en los últimos tiempos, y en la que Maritain y Von Balthasar se sitúan en la periferia como claros referentes. Luego tenemos el Personalismo Comunitario, que con Mounier como referente, ha ido generando pensamiento también durante los año posteriores a él, con Carlos Díaz como el pensador que más a aportado en su bagaje teórico en los últimos años.

En la misma línea por ejemplo está la diferencia de base entre la Asociación Española de Personalismo y el Instituto Emmanuel Mounier, siendo cada uno de ellos representante respectivamente de las líneas mencionadas.

Las influencias son determinantes a la hora del compromiso de la acción, como reconoce Arostegui en línea con Landsberg. Quizás no esté tan de acuerdo en su apreciación del Manifiesto, pero eso es una cuestión más larga.

Gracias por el post.

Debates del personalismo II Introducción Javier García

Jacques Maritain es el autor que me introdujo al personalismo. Desde hace años lo leo con entusiasmo y sin dudas sigue siendo uno de los intelectuales que más admiro. Gracias a él conocí otra vertiente del personalismo, con énfasis en lo comunitario. Se trata del pensamiento de Emmanuel Mounier, que de a poco me va resultando apasionante, no sólo por sus escritos sino también por su testimonio de vida y compromiso con su época. Ahora, uno y otro autor, contemporáneos y estrechamente unidos en el movimiento personalista, se apoyan en dos metafísicas probablemente excluyentes.

Antonio Aróstegui, reconocido catedrático español de filosofía, fallecido en 2009, prologó un texto bastante esclarecedor sobre las principales discrepancias entre Maritain y Mounier en “El pensamiento de Jacques Maritain”[1], de Juan Ramón Calo y Daniel Barcala. En su escrito, Aróstegui identifica al pensamiento de Maritain como producto de una metafísica del ser, básicamente tomista y a Mounier, como un claro referente de una metafísica del devenir.

El autor critica la excesiva fidelidad de Maritain a santo Tomás, en virtud de la apuesta maritainiana de aportar a un nuevo humanismo, a una sociedad auténticamente personalista y comunitaria. Para Aróstegui su adscripción a la metafísica del ser constituye el gran problema porque, según su análisis, “no es posible fundar una sociedad realmente comunitaria, un humanismo evangélico, sobre una teoría metafísica donde la persona, concebida como subsistencia, ‘se hace totalmente incomunicable’. El ser humano, en la metafísica tomista, se halla ontológicamente condenado a reclusión perpetua en sí mismo”.

Allí radica la gran diferencia entre estos dos personalistas, de acuerdo a Aróstegui, quien señala que Mounier acepta inicialmente la metafísica del ser con poco entusiasmo y grandes reservas en el “Manifiesto al servicio del personalismo” (1936), para catorce años después decidirse abiertamente en “El personalismo” por la metafísica del devenir.

“Y en la metafísica del devenir la persona no puede ser ontológicamente incomunicable, entre otras razones, porque la persona no es un ‘ser’ sino un ‘hacerse’, en el tiempo y por el tiempo, con las cosas y personas que integran su mundo.”

Así es que estas dos metafísicas conducen a consecuencias distintas, no sólo teóricas y axiológicas, sino también prácticas. “No apremia del mismo modo el compromiso de la acción temporal a quien se considera un ser ya hecho, ontológicamente acabado y cerrado, que a quien se considera ‘in fieri’, haciéndose con los otros y proyectado existencialmente hacia ellos”. Del mismo modo, asegura Aróstegui, esas dos metafísicas conducen a un análisis valorativo distinto de la realidad social vigente y circundante.

Dos metafísicas –concluye-, dos criterios coincidentes en la discrepancia.

En síntesis, no dudo que son muchos más los motivos que unen a Maritain y Mounier de los que los separan, no obstante, cómo conciliarlos en función de sus respectivas metafísicas es todo un desafío y un asunto, al menos para mí, por demás interesante a ser dilucidado.
[1] publicado en Madrid por Editorial Cincel en 1987

Debates del personalismo

Desde hace un tiempo se publica un blog desde Argentina. Lo gestiona Javier García Moritán, y en él se da vida a los debates que se producen en el personalismo comunitario de hoy en día, además de darnos información del Instituto Emmanuel Mounier de Argentina, del que forma parte su autor.
En los días pasados se ha producido un debate a raíz de un post al respecto de las divergencias entre el personalismo de Jacques Maritain y el de Emmanuel Mounier. Ese debate lo hemos mantenido Carlos Massías Vergara y yo mismo, y dado que se trata de un tema importante y el debate creo que ha sido interesante, he creído importante traerlo en forma de post a mi blog.
El sistema es que cada comentario producido en dicho debate lo voy a convertir aquí en post,así como la introducción de Javier, aunque se puede leer tal como se produjo, con todos los comentarios realizados y en las fechas correspondientes, en los siguientes post de Acto y Potencia; Maritain-Mounier; metafísica del ser-metafísica del devenir y La fidelidad es a la persona

La virgende Guadalupe y la identidad extremeña

Hace diez años que resido en Extremadura, y me siento identificado con esta tierra, contento de vivir en ella; es como si fuera un poco extremeño, como me siento chileno, vasco, leonés, catalán… y también he de reconocer que nada madrileño.

Ayer recibimos un correo en una asociación que presido, que provenía de una entidad que utiliza la marca «Guadalupex». En ella se nos solicitaba apoyo a un manifiesto para solicitar el traslado de diócesis para el santuario de la virgen de Guadalupe, que hoy recae en la de Toledo, a pesar de estar en la provincia de Cáceres (cosas de la administración eclesiástica). En dicha solicitud se decía que la virgen de Guadalupe «representa la seña de identidad más sobresaliente de la Comunidad Autónoma Extremeña» y en consecuencia el lenguaje utilizado se refiere a «todos los extremeños».

Pues bien, he de decir:

Primero, como cristiano, no reconozco ninguna relevancia a la existencia de «vírgenes», que me resultan parte de una religiosidad ajena a lo expresado en el Nuevo Testamento.
Segundo, como extremeño, no siento que la existencia de dicha imagen resulte parte de mi identidad como tal, por lo que la utilización por parte de la Asamblea de Extremadura y asociaciones como Guadalupex del absoluto «todos» me está incluyendo falsamente.
Tercero, como persona, creo que hay esfuerzos mucho más importantes hoy por hoy en los que centrar nuestra atención, nuestra identidad y nuestra presencia pública.

Una semana en Libia

Del 24 al 31 de julio he estado en Libia invitado por la Academia de Pensamiento Jamahiri (nombre oficial de Libia que se refiere a ella como República de las gentes), para dar una conferencia y asistir a los debates de otras dos conferencias más. Sólo apuntar que el tema que escogí tuvo gran acogida (Razón, realidad y libertad en Don Quijjote de la Mancha) y estuvo en consonancia con los otros dos; mi amigo Mochamed Bilal Achmal habló sobre el presente del pensamiento magrebí y la profesora Ángela Donat sobre Lenguaje y Pensamiento.

A parte de lo bien que fui tratado, de lo interesante del trabajo desarrollado allí y sus consecuencias futuras, estaba ansioso por ver la realidad de este país que está tan cerca físicamente y que nos resulta tan ajeno, y en algunos casos, tan alejado, y por qué no decirlo, sospechoso.

Les diré que si algo saltó a mis ojos era una ausencia; no había nadie pidiendo por la calle. Tardé cinco días en encontrar a un ciego pidiendo en una de las calles de la Medina Kadima de Trípoli. Esto me hizo pensar en un principio en las “limpiezas” que se llevan a cabo en muchas ciudades europeas con todo lo que “molesta” en la calle. Pero fue entonces cuando caí en la cuenta de que había otro elemento que tenía poca presencia; la policía. Hay policía de tráfico, que viste de blanco y lleva a cabo la ímproba actividad de hacer más aceptable un tráfico de locura, y algunos miembro de la policía de turismo, que pretende mantener la seguridad de los pocos turistas que circulan por sus calles. Pero comparando con cualquier país europeo o con Marruecos se puede decir sin lugar a dudas que la presencia policial es unas tres o cuatro veces inferior. Así que la “retirada” de mendigos no parecería la razón.

Por otra parte me interesó conocer la situación económica de la gente. Los precios de la comida y muchos productos eran alarmántemente similares a los de España, así que averigüé que los salarios mínimos se mueven entre los 450 y los 800 dinares (la relación de cambio es 2 euros por cada 3 dinares); un profesor de secundaria cobra 1600 dinares. Eso me pareció poco, pero había muchos factores que faltaban por incluir; la gasolina es extremadamente barata (5 veces menos que aquí), hay seguridad social, los medicamentos están altamente subvencionados, la educación en gratuita, la vivienda es casi gratuita y todas las familias libias reciben una derrama de los beneficios del petroleo mensualmente, y un extra una vez al año. Tomando en cuenta lo que significa sólo la vivienda en España para el gasto mensual, su nivel de vida es superior al nuestro. Quizás esa pueda ser la razón de la casi ausencia de mendicidad, endémica en los países de África, y bastante presente aquí en Europa.

La forma de gobierno también es muy diferente a la nuestra. No hay elecciones, por lo que solemos integrarlos al grupo de países no democráticos. Efectivamente no es un país con democracia representativa. Y eso no tiene porqué ser malo en sí mismo, al menos desde mi punto de vista, ya que como pueden haber comprobado reiteradamente no soy un amante de “nuestra” democracia. Pero el sistema que Muammar Al Gadhafi presenta en el Libro Verde aún está por cumplirse. Es cierto que la composición de las asambleas a distintos niveles aseguran una democracia más directa, pero los pasos intermedios, y el poder que se pueda ejercer desde ellos puede no alcanzar los límites de libertad a los que aspira ese texto. Tampoco se ha conseguido eliminar el salario como forma de relación laboral, entre otra cantidad de objetivos aún no alcanzados. Otra cuestión que no pude aclarar es la propia figura de Gadhafi.

Pero indudablemente se trata de un país castigado por el embargo de más de un decenio, que ha alcanzado los niveles actuales gracias al petroleo y una política de austeridad muy grande durante ese tiempo, donde la gente es sumamente amable y cariñosa, de una gran hospitalidad, y con unas ganas inmensas de relacionarse con el exterior. Y lo que es más interesante; con muchas energías puestas en encontrar un espacio común de pensamiento en el Mediterráneo. Esta sola pretensión ya merece la pena ser apoyada, y poner energías en ella.