En una entrada anterior he hablado del blog de Jerome Grondeux. Ahora os incluyo la traducción de la última entrada que ha hecho y que habla de Péguy, Europa y otras cosas interesantes. El enlace a dicha entrada en francés es este.
Charles Péguy cayó el 5 de septiembre de 1914, en Villeroy. Cada año se organiza allí una ceremonia en su memoria. Nunca había asistido; como siempre que uno se deja llevar por la cotidianidad y la rutina, las cosas terminan no saliendo como uno espera, sumergido en un juego de contrastes, y nunca se sale indemne de estas situaciones.
Enlace de autopistas, travesía de villas y pueblos que están el domingo por la mañana desperezándose apaciblemente, lejos de las tormentosas urbes. Villeroy, en el distrito de Meaux, cuenta con un poco menos de 700 habitantes. La misa, a la cual asisten representantes de la Souvenir français, es celebrada por un ferviente y cultivado péguysta, el padre Bruno Beltramelli. Protestante cada vez más heterodoxo, peregrino de iglesias vacías, hombre de « un pie dentro, un pie fuera », me debato de buena gana en estas circunstancias, entre empatía y distancia crítica. Un altar, dos banderas francesas a cada lado: el historiador escéptico es atrapado, resumergido en este cara a cara, en la superposición de estas dos dimensiones, la afirmación nacional y el enraizamiento en la fe tradicional, que a mi entender nunca se comprendieron verdaderamente. Apasionado de Europa y de la filosofía religiosa, me sorprendo de estar allí; pero tal vez hay que aprender a probar estos asombros, en una sociedad donde el anticonformismo sirve tan a menudo para quedarse en su sitio.
Después de todo, si pensar honestamente es intentar asumir las contradicciones, entonces no hay que temer el hacerlas vibrar.
Las contradicciones de Péguy están muy presentes también, del Péguy héroe póstumo de una misa, él, que era « católico del siglo XV », no es recordado en la práctica. Pero la memoria de Péguy está allí donde se la acoge, y el padre Beltramelli no se priva de poner en valor el aspecto inclasificable de gran hombre …
Me sumerjo un tiempo en una comodidad meditabunda, hasta el momento en que las palabras de uno de los cánticos atraen mi atención. « ¡Vean! Los pobres son bienaventurados: ¡son los primeros en el Reino! – ¡hasta aquí, me atrevo a decir, frase nada revolucionaria, pero esto es la continuación que me asombró – Vean! ¡Los artesanos de paz / demuelen sus fronteras! ». La asamblea canta, ambas banderas siempre flanqueando el altar …
Pienso en el olvido de la nación que observé no sólo en el catolicismo contemporáneo, sino también en el protestantismo. Incluso aquí, y a espaldas de todos los organizadores, él se manifiesta. Como si las Iglesias se hubieran interesado por las naciones mientras podían pensar en ser instrumentos de una teocracia imposible, con la que el clero soñara mucho tiempo sin confesárselo.
No, Péguy no quería seguramente un « demoledor de su frontera ». La fraternidad universal, para él como para muchos los que se le parecían, no pasaba seguramente por esta glorificación sorprendente de las quintas columnas.
En Villeroy, la nación está por todas partes. El pueblo tiene un museo, que conmemora esta batalla, que han restaurado el año pasado. Las tumbas de Péguy y sus hombres están al borde de un camino, en pleno campo. Un poco más lejos, un monumento con un paisaje de ramos de flores. La gente de la Souvenir français está siempre allí, tal vez cantando la Marsellesa. El alcalde de Villeroy está presente, representando otro mundo: el de esta gente que tiene tiempo para recoger problemas y preocupaciones, esta gente que a menudo es antídoto útil para el desprecio de burgueses ociosos que agobia a su « clase política ». Son gentes a las que les gustan los pueblecitos. ¿Acaso estamos fuera del tiempo, como si nada hubiera cambiado desde la postguerra?
Los habitantes no están endomingados y no parecen especialmente animados por el odio hacia Alemania; son más bien europeos de principios del siglo XXI. Una mujer es la descendiente de otro de los muertos de Villeroy.
A los europeos de hoy, generalmente, y con razón, la Primera guerra mundial parece absurda. ¿Estaríamos celebrando piadosamente el suicidio de Europa?
Entre los asistentes, se encuentra un gran historiador, Jean-Jacques Becker, que comenzó una reescritura de la Primera guerra mundial, buscando cómo los franceses le habían vivido y sobre todo cómo la habían dado sentido.
Los muertos de Villeroy no debían hacerse muchas preguntas. Ellos no eran los desarrapados de 1917, obligados a ofensivas que sabían inútiles, en el curso de una guerra que parecía interminable y amenazaba con escindir el frente de la retaguardia. Los muertos de Villeroy, en 1914, se enganchaban al terreno, no en un paisaje lunar, pero en medio de campos y bosques que podían parecerles familiares, como me lo parecen curiosamente en este 5 de septiembre de 2009. Ellos luchaban contra una invasión, defendían la existencia de su país tal como lo habían conocido. No había previsto tomar el uso de la palabra sino me lo pedían, pero lo hicieron. Pude decir unas palabras junto al monumento, para incitar a favorecer una de las innumerables iniciativas de Péguy, y tal vez la más peligrosa: tratar de pensar en nuevos esfuerzos por la nación republicana. Curiosa impresión la de hablar de esto en marco tan ceremonioso, delante de estas sesenta personas, trás las cuales se extienden los campos. Nos dejamos de buena gana llevar por la ilusión de una continuidad …
Pensar en la nación con renovadas fuerzas. Las Iglesias no nos ayudarán en ello, no más que los humanitarios. Incluso, no creo que el soberanismo sea capaz de eso, que no consigue impedir que cristalicen alrededor de la idea nacional todos los fracasos del mundo. Así como para la ecología, pero en otro sentido, la izquierda podría tener su oportunidad, aunque la derecha parezca mejor colocada para esto, si no se distinguiera por su oportunismo. El centro podría buscar el gérmen de una síntesis, aunque su origen doble, demócrata-cristiano y liberal no le ayude a ello. ¿Tal vez hay que contar más bien con francos-tiradores?
El sol dora los campos, un viento ligero se levanta …
Abrir más las fronteras sin eliminarlas, conciliar la pertenencia nacional, que no parece en vías de extinción, con pertenencias más anchas, buscar en un diálogo incesante con otros, cuales son nuestros verdaderos triunfos y en qué sectores podemos mejorar y aprender de experiencias extranjeras, tal vez finalmente no dejarles a la nación a los nacionalistas del repliegue mortífero, Esto queda como un bello desafío. La construcción de la paz, como la de Europa, siempre hay que recuperarla, y necesita, sin ninguna duda, de artesanos. Son muchos los que saben pasar y y volver por las fronteras, con las manos cargadas de obsequios, sin demolerlas.