Acabo de saber del blog de mis amig@s de CALA, http://fundamentalismolaicismoapostasia.blogspot.com , casi coincidiendo con la visita de mi ahijado Ismael, su hermana y padres. Y esto me ha hecho pensar un poco más sobre estas palabras que usamos tanto últimamente.
Si me considero fuera de una organización como la Iglesia católica, como ya he dicho aquí antes, es porque he hecho apostasía de alguna manera. Eso parece claro. Otra cosa es que se me considere así por parte de dicha entidad, ya que me niego a tener que hacer ningún papel al respecto. ¿Por qué? Simplemente porque mi pertenencia a esa entidad nunca fue fruto de un acuerdo, de una firma,… sino de un compromiso, de una promesa que además de hacer por mí mis padres en el bautismo, hice explícita al solicitar mi matrimonio eclesiástico tras un año del civil, y participar activamente en la vida parroquial durante varios años, en los que incluso fui catequista de niñ@s en su preparación a la Primera Comunión. Ahora simplemente he descubierto que mi papel de laico y mi fe, no se ven reflejadas por lo que dice la Iglesia católica.
Es la Iglesia la que me deja fuera, a las puertas; me veo como Péguy. El desacuerdo entre la fe y quien dice tener la única clave de la misma, es un problema profundo.
Pero el laicismo, ese desenfrenado intento por eliminar lo de importante que tiene la religión en la vida de muchas personas, y no como cuestión individual, si no también comunitaria. Y ese laicismo es un fundamentalismo reactivo, como el de quienes no quieren ver desde la Iglesia católica que cada día se alejan más del Evangelio, amenazando, no llevando la palabra sanadora.
Y claro, ¿como puedes acompañar en la fe cristiana a un ahijado, siendo apóstata? Pues intentando ser ejemplo de vida (que nunca se sabe si se está siendo un buen ejemplo), y en cada momento que sea posible mostrar que la «Buena Palabra» es eso, y nunca maledicencia, que a nuestros actos les acompañe la responsabilidad, y no la culpa, y que amar al otro es siempre prioritario.
Llegará el día en que alguno (o todas) de mis 4 ahijad@s ponga en tela de juicio mi forma de actuar. Ese día será una pruba para el juicio grande. De momento, dejo el fundamentalismo a quienes no son capaces de sentarse a la mesa con el otro, o sea, a aquellos que no son capaces de compartir ni si quiera su fe con quienes creen diferente, o no creen.
Mientras, seamos ejemplo.
Yo me encuentro en una situación parecida. No comulgo con las actitudes agresivas de los obispos españoles, ni con su visión de la realidad, que me parece distorsionada y demasiado simple. Sin embargo, no quiero renunciar a la fe; no quiero ceder al espíritu del laicismo radical, que pretende eliminar el elemento religioso de nuestras vidas. Personalmente, creo que lo más sabio es, como usted hace, dar ejemplo con nuestra vida, tener como principios ser un buen padre, un buen amigo, un buen ciudadano, etc., como hacía el hortelano Karpos en uno de los diálogos del Diccionario Filosófico de Voltaire. Creo que no merece la pena angustiarse por culpa de una institución humana, llena de errores, como la Iglesia católica; cuando la Iglesia nos falla, hemos de buscar la relación con Dios por nosotros mismos.