Querido Leonardo:
He leído en Redes Cristianas tu artículo a raíz de la última encíclica de Benedicto XVI. El título me ha llamado la atención, y como yo había hecho en este blog un comentario al respecto, la lectura de tu texto me llevado a pensar sobre lo que ambos hemos dicho.
Si Benedicto XVI no fuera Karl Ratzinger en el mundo civil, reconozco que esta encíclica me hubiera resultado extraña, pero realmente considero qué es lo que se puede esperar del Papa que hoy se sienta en la silla de Pedro. Es un pensador por encima de todo, siempre alejado de la práctica real. Por eso ha hecho un documento ideológico. Ahora bien, coincido contigo en que a la Iglesia Católica le vendría muy bien un profeta en esa silla, aunque también le harían falta más profetas de los que tiene. Y profetas de verdad; creyentes que vivieran hasta tal punto su fe que no dudaran llegada la hora de exponerse en todos los sentidos ante el mundo, y sobretodo ante la jerarquía que hoy inunda el catolicismo, ahogándolo en un mar de mediocridad y tibieza. Un profeta no escribiría una encíclica, la haría vida y abandonaría la silla para ello en un gesto profético.
Pero lo que hay es esto. Afortunadamente no se mete en análisis que no le corresponden a mi modo de ver, sino en el terreno que tu criticas, el del deber ser. Esta encíclica es una llamada de atención para la Iglesia en su sentido más estricto, a la totalidad de los creyentes, laicos y religiosos, para que hagan una actualización de sus planteamientos en función de la situación actual en lo político, socioeconómico y medioambiental, aplicando y dejando amplicar aquello que parece más coherente con el Nuevo Testamento. Al fin, Aleluya, reduce el tono moralista para volver a un plano más ético, donde se plantean opciones y no dogmas. Los análisis, a la luz de la encíclica tienen que llegar y deberán ser quienes marquen el rumbo de las acciones de todas y todos en la realidad.
Y quizás arrastrado por esta cruda realidad, y esperando muy poco de este Papa, me lancé a escribir un comentario sobre la Caritas in Veritate, casi alabando el que se mencionaran determinadas cuestiones desde la Curia, pues si al menos en lo ideológico se aproximan, tendrán una parte del camino recorrida. Yo me regocijaba de que se volviera a poner en su sitio cuestiones como Caridad y Misericordia, que tan poco uso tienen en el día a día de hoy, y de la que tan necesitados andamos, como ya recordaba Don Quijote. Y si algo me sorprende en tu comentario es que califiques estas como «nociones fideístas recurrentes». Lo primero que hace en su encíclica es precisamente actualizar el concepto de Caridad, excluyendo el más fideísta y asistencialista del «dar lo que sobra», para realzar el sentido de cuidado y amor que se encuentra a la base del cristianismo (y en muchas otras religiones más), y una vez así redefinido, lo utiliza hasta el cansancio. Ya decía Charles Péguy que repetir las cosas no es un acto de pedantería o pesadez, sino de insistencia inacabable para reiterar que eso es lo más importante de lo que uno quiere decir.
Otra cosa es que piense que a este Papa no le hiciera falta una buena dosis de marxismo. Yo diría que le faltan muchas cosas, y una de ellas es la capacidad de análisis histórico y económico que tan bien lleva a cabo el marxismo. Pero también necesitaría una buena dosis de anarquismo, ya que lo que no cuestiona el Papa es conceptos básicos como seguridad y propiedad, que tampoco cuestiona en su base el marxismo, más bien los replantea. En cambio incluye cuestiones que ninguna de las teorías clásicas acepta aún (quizás por clásicas), como son la de la economía solidaria, las bancas alternativas, etc… que al marxismo le resultan «revisionistas» y al liberalismo «infantiles», pero que hoy por hoy son la única alternativa real al sistema liberal.
Habrá quien piense que defiendo al Papa; ¡Dios me libre!. Benedicto XVI representa a la Iglesia de la que no quiero formar parte, pero si veo atisbos de lucidez procuraré que se acrecienten y no ridiculizarlos. Tampoco querría que nadie pensara que pretendo por contra atacarte, cosa también lejos de mi intención. Pero quizás esperaba más de ti que de él, y eso me hace tener una especie de nudo en el estómago, muy incómodo, inquietante. La liberación de los oprimidos se llevará a cabo por los oprimidos y los opresores, o volverá a darse la vuelta la tortilla como tantas veces pasó antes; o parafraseando a Péguy (otra vez) y a Mounier, la revolución será personal o no será.
Fraternalmente.
Juan Carlos, al leer este post la primera vez, no me digas por qué razón, pero se me vino a la cabeza una película que vi cuando era muy pequeña en el colegio y que siempre me ha fascinado y que seguro también tu conoces pues se que sois muy cinéfilos. Se trata de "Hermano sol, hermana luna". Hay un momento en dicha película cuando Francisco se presenta hecho un pordiosero en el Vaticano ante el Papa, para pedirle que bendiga su orden ¿lo recuerdas? La cara de nostalgia del Papa cuándo le dijo que él también había sido un día así…Pero lo que más me alucina es la humildad de Francisco, la fidelidad…De la película también me gustaba mucho Clara cuando iba a dar de comer a los leprosos y me dije que cuando tuviese una hija la llamaría así, pero de momento solo tengo cuatro muchachos y además mi marido odia ese nombre oh!!!Todo esto era para decirte con un gran rodeo que me da pena que personas como tu no estén dentro de la iglesia…se que es algo muy muy pensado…pero me da pena, por "vuestra valía", "vuestro compromiso" (os incluyo a toda la familia).Yo siempre he estado dentro, de muchas maneras, atravesando crisis, siendo muy crítica, menos crítica, estando por rutina,tal vez en alguna ocasión por miedo a la ruptura, por comodidad, para querer cambiarla, implicándome…. imagínate…. de todo un poco, pero gracias a ella conocí a Dios, gracias a ella he conocido el amor de verdad, la entrega absoluta, he trabajado ,por ejemplo,mucho tiempo con las hermanas de Teresa de Calcuta, he pasado un tiempo de mi vida, con otra ONG católica en Perú conviviendo con hermanas consagradas y te puedo asegurar que jamás he encontrado algo semejante en ONG laicas (por supuesto no estoy diciendo que no exista, sencillamente que yo no lo he conocido). Pienso que es necesario un "algo" sobrenatural para darse a los demás de semejante modo. La iglesia no es ni mas ni menos que como nosotros, mediocre, incoherente, pecadora, pero lleva 2000 años y ahí está. Por supuesto no creo que sea la verdad absoluta, no, no, no….Como dijo Lessing: "Si Dios tuviera encerrada en su mano derecha toda la verdad y en su izquierda el único impulso que mueve a ella, y me dijera: "!Elije!", yo caería, aun en el supuesto de que me equivocase siempre y eternamente, en su mano izquierda, y le diría: "!Dámela, Padre!" !La verdad pura es únicamente para ti! Te diría muchas otras cosas pero no me quiero enrollar mas…solo que como le comenté a Ipe me has animado a leer la encíclica y eso que no acostumbro…ni siquiera leí la que escribió Juan Pablo II "Fides et ratio" cosa que nunca me he perdonado, je,je…Ya si que termino..Un saludo.
Ah!! espero que no te tomes a mal mi comentario, es lo que me ha salido de dentro….por supuestísimo que a estas alturas mi intención no es convencer a nadie de nada !!!Dios me libre!!!!y menos a personas que como vosotros tenéis las ideas muy claritas.
Tu comentario no sólo no me molesta sino que me encanta. Primero porque me dejas un comentario, cosa que la gente no suele hacer en este blog. Y segundo y más importante, por la importancia de lo que dices. Ipe y yo somos conversos, de la increencia llegamos a la Iglesia, que como dices es Casta Meretrix; ahora mismo estamos en el pórtico, más fuera que dentro. Hace una semana celebramos una misa en gallego entre 12 personas… hacía meses, quizás un año. Charles Péguy quiso entrar y le negaron la entrada, se quedó en un católico sin Iglesia, porque no le aceptaron como era. Ahora le tratan como un santo, pero es fruto de la mediocridad de la Curia. Desde que entré, recuerdo que insistía en que la Iglesia necesitaba volver a las catacumbas, ser perseguida, para poder recuperar su fuerza, su valentía.Y como dices, el problema es que es muy difícil encontrar la transcendencia fuera de ella… es un dilema constante. Por eso insisto en la apostasía sin papeles; reniego de la estructura, de la eclesial que me frustra en la fe, y de la civil, que me exige demostrar con papeles que he apostasiado para creerme, porque es tan burócrata y farisea como la otra. Me quedo en este limbo del pórtico, el primer refugio del que llega, el último del que se va, pero que te permite recibir y tratar a todos porque es el lugar de los que no están aún. Desde ahí, puedo decirles cosas a todos.Y te puedo asegurar que preferiría estar dentro…